sábado, 6 de marzo de 2010

LEYENDO EN WOOSTER (sábado, 6 de marzo de 2010)

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cafe

NADA, hoy El País no dice nada de Cuba.  No hay sangre, no hay plasma ni una transfusión de plaquetas, ni siquiera un suero de glucosa, así que habrá que esperar a que Fariñas pase al otro lado para que La Isla Desafortunada vuelva a ser noticia.  ¿Qué se va a hacer?  La vida es así de cruel, y el mejor reflejo de la crueldad lo representan los medios informativos, y la sangre es muy escandalosa, por eso las distintas versiones del comunismo siempre tratan de ocultarla.  No es que sean mejores que los pinochets, los videlas, los nosécuántos: simplemente manejan la orfebrería de la sutileza.

En la sección de Cultura, Javier Marías escribe un artículo bajo la cabecera de “Vivimos en una perpetua adolescencia social.”  D’accord.  Hace mucho que no le leo.  Pero siempre le agradeceré que en uno de mis buceos por otras cavidades más oscuras, leí una noveleta suya titulada “Todas las almas” y aquello me ayudó a volver a la superficie.  Luego vi la versión cinematográfica que hizo Gracia Querejeta; es otra cosa, pero también guarda cierto encanto.

Dos páginas más adelante leo que “Zapatero premia a Joan Baez por su defensa de la libertad”.  Esto tiene que ver con lo que dice Marías, aunque la realidad de ZP es que va más atrás: al infantilismo.  Lo que su ignorancia supina desconoce  --igual que el detalle de querer regalarle a Obama el original de una foto de un brigadista negro (por aquello de la negritud) y resulto que el brigadista en cuestión era un negrito cubano conocido como “Cuba Hermosa”--  es que tengo un cassette de un concierto de Joan Baez en Madrid, allá por los 80, en que pide, grita “libertad para los presos políticos cubanos”, y por entonces La Primavera Negra ni siquiera todavía era gris para sus militantes.  ¿De qué hablaba aquella otrora frágil acompañante de Dylan?  Nadie sabe, nadie contesta.

Y en Babelia destaco un texto de Rocío García titulado “La revancha contra las dictaduras” sobre un cineasta rumano, Radu Mihaileanu, cuya última película, El Concierto, se estrena el viernes próximo.  Pediré prestado el dinero para verla pues he leído que el cine rumano ha derivado en algo muy bueno y el más mordaz con el pasado reciente de esa larga extensión de tierra arrasada por las ideologías, a la que pertenece Cuba como si fuera una comunidad autónoma de ultramar.  Subrayo dos fragmentos de su entrevista:

Para mí, que soy un desesperado muy optimista y que he conseguido escapar a la campeona de todas las dictaduras, como fue la de Ceausescu, he logrado entender gracias al filósofo Cioran y otros escritores ilustres que la vida es sólo una pequeña fractura en ese camino hacia la infinidad que es la muerte.  El humor es como un manantial que interrumpe dentro de la tragedia de la que estamos rodeados.  Además la vida no dura más que un segundo por lo que tenemos que aprovecharla y llenarla de humor.”

Y esta otra:  “No sé cuál es la última armonía, pero creo que tampoco hay por qué saberlo.  Es un infinito al que hay que tender, que hay que buscar y tratar de llegar a él.  Nunca vamos a saber realmente dónde va a estar esa armonía, a lo mejor de vez en cuando tenemos la sensación de que estamos tocándola, pero inmediatamente después vamos a seguir buscándola, siempre con el miedo de no encontrarla”.

Pagué y me fui a la “busca y captura” en una mañana lluviosa y muy fría, cercana ya a la primavera.

David Lago

2 comentarios:

Zoé Valdés dijo...

Lo que vende es el horror, como entretenimiento. Da todo demasiado asco.

papelbit dijo...

Estoy más que de acuerdo¡
Lo de los periódicos no tiene nombre. O sí. "La sibilina miseria del periodista". O del redactor. O del que pone el dinero para que un periódico vea la luz, a costa de muertos ajenos.
Un abrazo David¡