viernes, 12 de marzo de 2010

LEYENDO EN Wooster (jueves 11 de marzo de 2010)

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cafe

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Hoy vine a comer (“to have lunch” in Cuban language), aunque creo que también desayuné, no me acuerdo bien. Casualmente tenían lo mismo que ayer en otro sitio donde comí con Zoé y Waldo Balart: lentejas y chuletas de cerdo a la brasa, más media garrafiña de tinto, un helado de yogourth con miel y nueces, y, para rematar, un expresso italiano que no es el de Georgie (George Clooney, pero yo le llamo Georgie en la intimidad, en fin de cuentas, “what else?”). Y El País, que en realidad venía más cargado de las repercusiones que ha tenido la muerte comentada del difunto cubano en boca de cantantes y actorzuelos.

Nunca imaginó, no ya el muerto, sino que nunca imaginaron los otros medio muertos que habitan La Isla Desafortunada, que ese albañil-delincuente peligroso-mercenario-mileurista de la CIA-disidente-miembro del Partido Comunista Cubano y oficiante de las Brigadas de Acción Rápida (grupo militar como los Gal o los Escuadrones de la Muerte pero en versión “regetón, asere”), iba a desatar lenguas y leguas de tinta en la antigua Metrópoli actualizada que todavía sigue repartiendo espejitos a los inditos. “Lo que el difunto albañil nunca podía imaginar es que su muerte tendría efectos mariposa de dimensiones desconocidas sobre España”, escribe más abajo David Trueba en su “Marlene en Cuba”. En realidad lo de Willy (que en realidad se llama Guillermo, pero se hace llamar Willy porque como la mayor parte de los peninsulares profesan un odio feroz noventaiochentista hacia los Estados Unidos de América y padecen un extraño síndrome de Estocolmo que les hace americanizar sus nombres y babear por dar el salto a Hollywood, y si es pujar en los Oscars —que “al fin y al cabo, qué es un Oscar”, creo que dijo una vez Marisa Paredes— interpretando muchas veces, no ya a honorables hispanos, sino a sudacas que sólo toman en cuenta para el servicio doméstico... eso ya, lo de los oscares, es correrse sin tocarse.

Estas dos páginas centrales de El País, aunque toman el tema casero y misérrimo y lastimero de Cuba, en realidad se refieren a España, a lo que viene pasando cada vez con mayor virulencia en el ataque sostenido de partidismo que sufre la nación y también a lo que siempre ha pasado y en (gran) sentido general sirvió de base a la guerra civil. Si escribo sobre ellas lo único que hago es repetir lo que ya han dicho quienes han escrito esos textos y quienes son citados en ellos. Por ejemplo, qué podría añadir a esta conclusión que saco del artículo de Cristina Galindo “Dictadura es siempre dictadura”, donde cita a Jesús de Andrés, profesor de Ciencia Política de la UNED: “Todas las dictaduras, sean de derechas o de izquierdas, tienen elementos comunes: un partido único, negación de derechos políticos y civiles, represión de la oposición... Cualquier demócrata debería oponerse".

Lo curioso de estos tres artículos encadenados es que conducen a viejas afirmaciones de una visceralidad acémila que espantan y entonces podemos comprender el horror de todas las guerras civiles y de todas las cegueras ideológicas y si un escritor español llamado Juan Benet pudo decir esta barbaridad: "Yo creo firmemente que, mientras existan personas como Alexandr Solzhenitsin, los campos de concentración subsistirán y deben subsistir. Tal vez deberían estar un poco mejor guardados, a fin de que personas como Solzhenitsin no puedan salir de ellos" sobre un genio de la literatura, continuador natural de la gran alma rusa, qué no se podrá decir sobre el pobre negro nacido en Banes (región maldecida por la mano de Dios), que no se podrá decir y hacer contra cualquiera de nosotros.

© 2010 David Lago González

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Marlene en Cuba

DAVID TRUEBA 11/03/2010

http://www.elpais.com/articulo/Pantallas/Marlene/Cuba/elpepirtv/20100311elpepirtv_2/Tes

Orlando Zapata decidió ayunar hasta la muerte para denunciar su situación en la cárcel cubana. No se puso en huelga de hambre para quitarse unos kilillos de más. Lo que el difunto albañil nunca podía imaginar es que su muerte tendría efectos mariposa de dimensiones desconocidas sobre España. Pero un forúnculo en Australia provoca un constipado en Luxemburgo. El Gobierno cubano, en un reportaje de Cubavisión que puede verse en YouTube, incidía sobre los esfuerzos médicos realizados por mantener con vida al huelguista. Atacar al régimen de Castro respondía, una vez más, a una campaña orquestada por el exilio contrarrevolucionario. El vídeo contenía grabaciones con cámara oculta de la madre del preso agradeciendo el trato médico, pero si alguien decide no ingerir alimentos, no hay manera de sostenerlo con vida.

Lo penoso es que Orlando Zapata no pueda ser protagonista de su muerte. Las declaraciones de Willy Toledo, donde lamentaba el desenlace, pero sostenía que el fallecido no era tanto un disidente como un preso común antipatriota, han sido usadas para revivir las heridas por la derrota electoral de 2004. La actriz Marlene Dietrich, que cantó para las tropas aliadas que bombardeaban su país cuando éste se entregó al nazismo, es ejemplo perfecto de que los artistas pueden asumir la representación pública, y que el antipatriotismo a veces es una bendición. La gente tiene derecho a expresar su opinión, no sólo van a poder decir lo que piensan los articulistas. Pero si Miguel Bosé relaciona la ausencia de libertades del régimen cubano con un episodio de censura del Gobierno valenciano en una exposición de fotos no ayuda ni a una causa ni a la otra. Sólo al caos. Porque podríamos seguir sumando y restando declaraciones hasta llegar al cero absoluto, que es el final de todo intercambio de "y tú más".

Esperemos que nadie en España sea perseguido por decir lo que piensa, ni que Camps tenga que hacer una huelga a la japonesa comprándose trajes con su magro sueldillo hasta vaciar Cortefiel. Sería fantástico que en Valencia no hubiera censura ni en Cuba presos políticos. Sería aún mejor que antes de seguir con la riña española prestáramos oído a los protagonistas cubanos. Esta batalla es suya, no nuestra.

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REPORTAJE: Vida&Artes

Dictadura es siempre dictadura

La muerte de Zapata deja al descubierto a los rehenes de sus prejuicios - La doble moral se impone en sectores de la izquierda y la derecha

CRISTINA GALINDO 11/03/2010

http://www.elpais.com/articulo/portada/Dictadura/siempre/dictadura/elpepipor/20100311elpepisoc_1/Tes/

La muerte del preso de conciencia cubano Orlando Zapata, tras 85 días en huelga de hambre, no ha servido para ablandar al régimen castrista, pero ha puesto de manifiesto que, en política, hay convicciones viscerales que difícilmente cambian. La salida de tono del actor Guillermo Toledo, que aseguró que el albañil negro represaliado, preso de conciencia según Amnistía Internacional, era un simple "delincuente común" (versión del diario oficial cubano Granma), ha vuelto a sacar a la luz las reticencias que tienen amplios sectores de la izquierda para revisar su historia reciente, y aplicar a los dictadores comunistas el mismo rasero que a los regímenes autoritarios de la derecha, que tampoco está exenta de prejuicios heredados del pasado.

"Ponemos la mano en el fuego por Zapata", afirma Amnistía

Willy Toledo: "Prefiero lo logrado en Cuba que lo que ha hecho la banca"

Los progresistas deben condenar cualquier tiranía, dice Muñoz Molina

"Ha fallado la educación cívica", opina el historiador Julián Casanova

Un manual del PP valenciano evita definir franquismo como dictadura

Arístegui: "Los populares no somos herederos del régimen de Franco"

Si Cuba es el gran y (casi último) tabú entre algunos de los considerados progresistas o de izquierdas, para una parte de la derecha la bestia negra sigue estando en el pasado franquista. En uno y otro caso, suelen tolerar o justificar una u otra dictadura. Si hay una condena, se hace de forma ambigua. O para justificar la ausencia de críticas se echa en cara que la "dictadura del otro" fue peor.

"Se justifica un régimen dictatorial en función de la ideología. Todas las dictaduras, sean de derechas o de izquierdas, tienen elementos comunes: un partido único, negación de derechos políticos y civiles, represión de la oposición... Cualquier demócrata debería oponerse", afirma Jesús de Andrés, profesor de Ciencia Política de la UNED. A derecha e izquierda quedan temas pendientes por resolver. "En España aún tenemos dos herencias: la soviética, en el caso de la izquierda, y el franquismo y dictaduras como la de Pinochet, en la derecha. Y a veces el debate se hace sobre opiniones superficiales y sin muchos conocimientos. En este país ha habido una modernización económica, pero han fallado las educaciones cívicas, no se ha educado a la gente en las libertades", afirma Julián Casanova, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Zaragoza. "Aún existen barreras ideológicas claras".

Para buscar ejemplos no hay que viajar en el tiempo. La semana pasada Willy Toledo, que se declara independiente de cualquier partido, fue objeto de duras críticas cuando dijo que Zapata, muerto el 23 de febrero, era un "preso común". Ahora lamenta haber herido la memoria del disidente cubano y dice que no pretendía ser despectivo.

En el fondo de la cuestión no ha cambiado de opinión. Preguntado en una entrevista telefónica si considera a Cuba una dictadura, duda unos segundos antes de contestar: "Es simplificar una vez más... prefiero un millón de veces lo que ha logrado la revolución cubana que lo que han hecho los bancos y Emilio Botín; es peor el embargo de Estados Unidos a Cuba, y es peor lo que pasa en Guantánamo. Lo que se aplica es un doble rasero, sobre todo desde el PP, que se niega a condenar una dictadura fascista, con cientos de miles de desaparecidos, y arremete contra Cuba".

Sus palabras tienen una representatividad social limitada. Pero traslucen una forma de pensar muy extendida. Miguel Bosé es uno de los artistas que ha salido en defensa de Toledo: "No sé qué creer sobre Zapata. No tengo información clara". Un grupo de actores -incluidos Javier Bardem, Alberto San Juan y Luis Tosar- envió el martes una carta a la prensa dando su apoyo al actor y denunciando una campaña contra él. Ayer, el escritor Eduardo Galeano, también dio su opinión: "Respeto a alguien capaz de hacer una huelga de hambre y morir por lo que cree, pero no lo comparto. En Cuba se aplica una lupa, se magnifica todo porque conviene a los enemigos de la justicia social, aunque no aplaudo todo", informa Elsa Cabria.

La información de Amnistía Internacional no deja lugar a la duda. Zapata era uno de los 55 presos de conciencia adoptados por la organización en Cuba (más de 200, según la Comisión Cubana de Derechos Humanos). Fue detenido en tres ocasiones, siempre por expresar sus opiniones, hasta que en mayo de 2004 fue condenado a tres años de prisión por "desacato", "desórdenes públicos" y "resistencia", mientras pedía la liberación de otro preso político.

Durante su estancia en prisión su pena fue ampliada hasta 36 años por mal comportamiento. "Ponemos la mano en el fuego por personas como Zapata", afirma Olatz Cacho, de Amnistía. Esta organización afirma que el de Cuba es "un sistema legal represivo que restringe las libertades fundamentales en un grado que supera con creces lo que permiten las normas internacionales de derechos humanos".

El escritor Antonio Muñoz Molina se considera progresista y, justo por eso, cree que cualquiera que lo sea tiene el deber moral de condenar cualquier dictadura, sea del signo que sea: "La insolidaridad hacia la lucha por los derechos humanos en los regímenes autoritarios comunistas es una larga tradición de la izquierda; es una de sus grandes vergüenzas. Es escandaloso que las personas que en Occidente gozan de la democracia se permitan criticar a otras que aspiran a lograr unos mínimos derechos".

"La izquierda democrática, en el sentido más amplio y no sólo IU, debe hablar claro de una vez", afirma el escritor, que se muestra indignado por el hecho de que varios actores hayan apoyado a Toledo, pero no hayan mostrado la misma solidaridad con Orlando Zapata y los 26 disidentes cubanos que están enfermos y siguen en prisión.

La condescendencia de sectores de la izquierda con las dictaduras comunistas es histórica. "Es un romanticismo perverso. La izquierda es heredera de una actitud que tuvimos todos antes de la caída del socialismo real, creyendo que Stalin era el malo de la película y Lenin el bueno, y que si utilizaba la violencia era porque estaba en una situación de guerra civil. Y lo mismo ocurre con la revolución cubana", opina el catedrático de Ciencia Política Antonio Elorza. "Lo que no se dan cuenta es de que, desde la izquierda, se puede condenar al mismo tiempo el embargo, que sólo perjudica al pueblo cubano, y a la dictadura castrista", añade.

Pese a que esa anuencia ha menguado con el tiempo, el Gobierno socialista sigue recibiendo críticas por la supuesta tibieza con la que trata a La Habana. "Entendemos que tener relaciones puede ser una vía de apertura", reconoce la diputada socialista Carmen Hermosín. "Conozco a gente cercana que sigue defendiendo a los dirigentes cubanos, aunque en general creo que cada vez son más los que piensan que no podemos seguir teniendo relaciones pseudo-paternalistas con países que machacan los derechos humanos con el pretexto de que sufren un embargo", dice.

Algunos expertos coinciden en que la izquierda debe enfrentarse a una revisión profunda, algo que el secretario general del PCE, José Luis Centella, no comparte: "El partido ya hizo revisión de la etapa soviética. En la actualidad, centrar el tema de los derechos humanos en Cuba es una tontería, cuando hay tantos problemas con los derechos humanos en el mundo. No hay ni una declaración del Parlamento español condenando Guantánamo. Hay mucho cinismo. Cuba es un referente para América Latina".

Mientras, la derecha también se enfrenta a sus fantasmas, aunque el portavoz de Asuntos Exteriores del PP en el Congreso, Gustavo de Arístegui, considera que no son comparables. "Una mayoría aplastante de militantes y simpatizantes del PP condena sin ningún tipo de problemas el franquismo", afirma el diputado. "Pero no podemos admitir que todas las propuestas que se han hecho de condena al franquismo impliquen que el PP es heredero del franquismo, cuando nosotros somos de centro-derecha".

El PP condenó en el Parlamento español por primera vez la "dictadura" de Francisco Franco el 20 de noviembre de 2002, cuando se cumplía el 27º aniversario de su muerte. Pero en 2006, el PP y la ultraderecha fueron los únicos partidos que no censuraron el franquismo en el Parlamento Europeo, mientras un año después el eurodiputado Jaime Mayor Oreja afirmaba que no pensaba condenar el franquismo porque "representaba a un sector muy amplio de los españoles" y calificaba de "disparate" la ley de memoria histórica.

En noviembre de 2006, el PP votó en el Senado en contra de rehabilitar la figura de Julián Grimau, líder comunista fusilado por el franquismo en 1963. Uno de los votos fue el del senador Manuel Fraga, varias veces ministro con Franco. El PP alegó que no era competencia del Legislativo, sino del Tribunal Supremo, revisar un caso ya juzgado. Pero no hace falta echar la mirada tan atrás, porque el mismo día que el actor Guillermo Toledo hacía sus declaraciones sobre Zapata, las Cortes valencianas debatían sobre un manual para la integración de inmigrantes del Gobierno regional, del PP, que evita definir el franquismo como dictadura.

"Es una lástima que la derecha ataque con dureza a Cuba y sea tan condescendiente con el franquismo, mientras desde la izquierda se critican los crímenes franquistas, pero no a Cuba, donde hay claramente una dictadura, o Venezuela, que lleva camino de convertirse en una", afirma Jesús de Andrés. "El gran tabú de la derecha también es su origen", argumenta el politólogo, que pone como ejemplo a Fraga, fundador del partido Reforma Democrática, embrión de Alianza Popular y a su vez del PP. "La gente del PP que estuvo en el franquismo contribuyó a desmontarlo", afirma Arístegui, que insiste en que es mucho más grave la "laxitud" del PSOE en política exterior no sólo con Cuba, sino con Venezuela, Bolivia o Nicaragua.

El PSOE disiente. "El PP tiene una actitud radical con Cuba, sobre todo por el origen de izquierdas de la revolución cubana, pero en 30 años de democracia no han sido capaces de condenar de forma clara el franquismo", asegura la diputada Carmen Hermosín.

Muñoz Molina también considera un tabú de la derecha, una muestra de la cerrazón del PP, que no sea capaz de reconocer el error que supuso la guerra de Irak. "En España no hay un verdadero debate democrático", opina el escritor, "todos se tiran los trastos a la cabeza y ésa es una lección que tienen que aprender, igual la derecha que la izquierda".

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Vuelva al Gulag, camarada Solzhenitsin

RAMÓN MUÑOZ 11/03/2010

http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Vuelva/Gulag/camarada/Solzhenitsin/elpepisoc/20100311elpepisoc_2/Tes

"Yo creo firmemente que, mientras existan personas como Alexandr Solzhenitsin, los campos de concentración subsistirán y deben subsistir. Tal vez deberían estar un poco mejor guardados, a fin de que personas como Solzhenitsin no puedan salir de ellos". Con estas palabras recibió el escritor Juan Benet al más famoso disidente ruso cuando visitó España en 1976. Al autor de Archipiélago Gulag, que se había pasado media vida en los campos de concentración soviéticos, se le ocurrió comentar que le sorprendía que en la España de Franco se pudiera viajar libremente, leer la prensa extranjera o hacer fotocopias, cosas todas ellas impensables en la URSS. Los representantes de la izquierda vieron en este comentario una provocación contrarrevolucionaria e insultaron sin piedad al escritor ruso. Pocos han pedido perdón.

Una parte de la izquierda ha sido siempre reacia a sacar sus demonios del armario. Y cuando lo ha hecho, ha sido de una forma tímida bajo la consigna de que no se puede poner en el mismo plano a las dictaduras de izquierdas y de derechas, puesto que las primeras cometieron sus excesos criminales guiadas por principios humanistas de igualdad y solidaridad, mientras que las segundas se sustentan en el egoísmo y en el mal.

Bajo esa aura de superioridad moral, los tiranos del socialismo real como Stalin, Mao Zedong o Pol Pot han gozado de la comprensión de muchos integrantes de la intelectualidad. "Acepto los crímenes de Stalin donde quiera que se cometan", llegó a decir el escritor francés André Malraux, que luego se convertiría en ministro de Interior del conservador Charles de Gaulle.

El dictador ruso fue hasta mucho después de su muerte el principal santón de la izquierda, y, en particular, de sus representantes españoles en el exilio. Nicolás Guillén, Rafael Alberti o Pablo Neruda le dedicaron odas de las que nunca se arrepintieron. El genial escritor chileno de Veinte poemas de amor fue el que más se implicó con la causa. Amigo del sicario estalinista Vittorio Vidalli, ayudó a escapar de México, de donde era cónsul chileno, a David Alfaro Siqueiros, cómplice del intento de asesinato de León Trotski en 1940.

La izquierda oficial española tiene aún pendiente la revisión crítica del papel que jugaron líderes como Dolores Ibárruri La Pasionaria, enlace de la NKVD, la Gestapo soviética, en la brutal depuración, no ya de sus contrincantes fascistas, sino de los que pelearon codo con codo en la Guerra Civil, como anarquistas, socialistas y comunistas del POUM. Pocos se han atrevido a reivindicar la memoria histórica de miles de leales republicanos y de valerosos combatientes soviéticos en las trincheras españolas que acabaron sus vidas en los pútridos gulag. Ni de las decenas de niños de la guerra abandonados a su suerte en zonas remotas de Rusia.

Hasta Pol Pot, el sanguinario líder de los jemeres rojos que acabó con la vida del 20% de la población camboyana, gozó de indulgencia entre algunos intelectuales. "Las muertes en Camboya no fueron el resultado de matanzas y hambrunas sistemáticas, organizadas por el Estado, sino más bien la consecuencia, en gran medida, de ajustes de cuentas entre campesinos, de la actuación de unidades militares indisciplinadas, fuera del control del Gobierno, del hambre y las enfermedades que provocó, directamente, la guerra lanzada por EE UU", escribía en 1980 el estadounidense Noam Chomsky.

El escritor francés Albert Camus puede servir de símbolo de esa revisión crítica. Combatiente contra el nazismo y contra la represión colonial en Argelia, fue de los primeros que se atrevió a levantar la voz contra la dictadura soviética. El Partido Comunista Francés, con Jean Paul Sartre a la cabeza, le crucificó. Hoy, Camus es el más reputado novelista galo. Y de Sartre sólo se valora su labor de pornógrafo.

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