domingo 29 de noviembre de 2009

DAVID LAGO GONZÁLEZ - Disidencias

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Ya sea porque las circunstancias de sus vidas les lleven a ello, ya sea porque forme parte de una decisión personal muy profunda o porque un ansia de protagonismo les conduzca por un meandro de caminos que no se sabe bien dónde irán a parar, o ya sea, incluso, por un arrebato de iluminación que supuestamente asista al incipiente líder, las personas que luchan por la libertad tienen muy variadas formas para hacerlo. Podría decir que todas son válidas y con ello quedaría bien con todos, pero eso no es cierto y verdaderamente detesto la corrección política, aunque tampoco voy a entrar a diseccionar las artes y métodos y espontaneidad de la disidencia, ya que no soy un experto y sería un gran hipócrita si dijera que para mí es fácil entregarme y “entregarme” a una pasión que no nazca en el corazón: o sea, el recelo por causas políticas reside en mí y presumo que el asunto no es meramente patológico sino que lo justifican hechos y hechos y hechos apilados a lo largo de años.

Por otro lado comprendo que después de 50 años de comunismo no se puede esperar que aparezca alguien de la nada siendo absolutamente “puro” y que no haya estado contaminado aun en la menor de las medidas de las formas y lastres de un único estado y una única ideología. Ya sucedió en la Confederación Rusa y los países que antes conformaban la falsa imagen de sólida unidad en una URSS que sólo se mantenía fusionada por la fuerza de la represión. De ahí que existan personajes como Putin, un antiguo KGB nada menos.

Desconfío de la fe, pero ya sea por sinceridad, ingenuidad, oportunismo o envilecimiento, la gente suele tener un pasado vinculado de alguna manera a parcelas del poder, o si no del poder, al menos de haberse dejado llevar por las plácidas olas cuando la playa se presentaba idílica, o miserablemente idílica. Siempre existe la justificación de no haber hecho otra cosa que tratar de vivir. Estoy muy lejos de conocer el pasado de todos los que conforman la disidencia cubana, salvo casos que fueron notorios y que todo el que quiera conocer conoce aunque un tupido manto de piedad se tienda sobre ellos porque tal vez otras coyunturas actuales —no las mías—hagan necesario ser más indulgente. Yo no llenaré mi boca con la palabra “democracia” porque nada sabía de ella hasta el otro día, pero realmente sí me cansa un poco que señoras o señores que no hace tanto militaban en el Partido Comunista de Cuba vengan a darme charlas sobre democracia, libertad de expresión y derechos humanos. No voy a dedicarme detectivescamente a indagar la mayor o menor participación de sus miembros en tiempos pasados y no tan pasados, ya que hasta aburrirme me es incluso mucho más provechoso y edificante, pero permítaseme, por favor, que siga mirando las cosas con distancia.

Esta distancia y continencia incluye a todos los componentes de la disidencia cubana, los de antes y los de ahora, y en ese saco meto igualmente el boom Yoani Sánchez y todo lo que cuelga.

En este caso hay un antes y un después a partir de la entrevista-formulario que le hace Yoani Sánchez al presidente de Estados Unidos, Barack Obama. Aunque las respuestas corresponden más a Mahatma Ghandi resucitado, supongo que es real que fue contestada por la asesoría de la Casa Blanca ya que ésta nunca lo ha desmentido. Ahora bien, ¿realmente la política internacional se supone tan simple —aun en un caso tan poco interesante ya y tan cansino como Cuba— como para reducirla a ese nivel? Permítaseme que considere que el coeficiente intelectual del presidente Obama es más complejo y rico que el que le atribuían a George Bush, Jr., que para algunos rayaba en la muerte cerebral.

En este punto hay algo que ofende mi inteligencia —que, ya comenzó a ofenderse en un principio y paulatinamente ha ido intensificándose—. Pero en los inicios de este fenómeno todo era un poco más creíble o un poco más aceptable. Supongo que ya no es absolutamente necesario (y condición sine qua non) posicionarse, definirse (y, por tanto, quemar las naves) para salir de Cuba ni para establecerse en el extranjero: que ya se puede salir antes, otear el horizonte y considerar si se tienen posibilidades, no sólo de sobrevivir, sino de vivir en países donde el costo de la vida es un lujo que un mero inmigrante —no dispuesto a hacer lo que sea, sino aquello que le permita no humillarse demasiado— no puede permitirse, pagar religiosamente sus cuotas consulares a Cuba para mantener viva su condición de cubano, regresar antes de cumplirse doce meses y volver a salir de Cuba al siguiente. U obtener un permiso para residir en el extranjero, que no sé si se establece por un periodo determinado o cómo funciona exactamente. No es que desee que todos mis compatriotas que se deciden a dejar la isla tengan que pasar por calamidades y rigores (cuyo saldo, a la postre, por lo general siempre es positivo; lo demás es invento del poder cubano), pero ciertas formas de subsistencia para otros pueden también resultar un insulto, sobre todo si posteriormente adoptan roles de protagonismo y de representación.

En ese principio del verbo —nunca mejor dicho— la imagen aventurera y atrevida de un grupo de jóvenes que se pasaban el tiempo sorteando las posibilidades y dificultades de los hoteles habaneros en busca de una conexión a internet, se presentaba, además de romántica, admisible. No creo en la obligatoriedad del “deber de todo cubano” a convertirse en un disidente activo, yo nunca contribuí a afianzar ese poder excesivo en que devino “la revolución más hermosa del siglo XX” —como se la he oído definir al escritor español Antón Elorza—, por lo que no me siento comprometido a reparar ninguno de sus errores (que, por otra parte, para mí se concentran en un solo y único error: la Revolución en sí misma), y ello no anula para nada mi derecho a opinar.

Ahora bien, esa actitud, incluso divertida, de una especie de Robin Hood de los Bosques internáuticos, sistemáticamente ha ido convirtiéndose en una forma cuasi-institucional que dista bastante de la espontaneidad solitaria. Llevar el ritmo de posts y flujo cibernético que existe en este momento requiere de una organización que se dedique noche y día a esta función, o, de lo contrario, de personas con superpoderes o de héroes de comics, lo que me parece bastante improbable. Para nada estoy diciendo que la horripilante CIA o la más que temida Seguridad del Estado cubana estén detrás de Yoani Sánchez y compañía (como tampoco detrás de las numerosas y muchas veces inútiles agrupaciones de la disidencia), pero es evidente que las cosas no son tan primarias como se da a entender, y también para mí es indudable que esta situación conviene a más de uno y que está siendo utilizada por más de uno para réditos posibles y futuros. Cuáles son no lo sé. Y de este razonamiento salta entonces otro: la situación de la libertad de expresión y el libre movimiento de ciudadanos ha mejorado considerablemente con respecto a hace treinta años, lo que viene a contradecir el discurso de las cosas que se quieren subrayar sobre los métodos represivos y que los que padecemos ese cáncer y sus diferentes metástasis conocemos perfectamente. Da la impresión de que estas personas ya no tienen que dedicar tanto tiempo a buscar cómo “postear” sino que tienen todas las facilidades para hacerlo desde sus casas. Entonces, ¿en qué quedamos?

Volviendo a los inicios, nunca dejó de sorprenderme aquel primer premio concedido nada menos que por el Grupo Prisa y el diario El País, que catapultó a Yoani Sánchez a la fama mediática, consagrándola como periodista, carrera que no estudió y que no voy a decir que está al alcance de cualquiera porque estaría descalificando a excelentes profesionales a nivel mundial.

De modo que sí, hay un antes y un después a partir de la famosa entrevista a Barack Obama. Yoani y otras personas son interceptadas en plena vía pública, obligados a subirse a un coche, los golpean, los coaccionan, en fin, una serie de hechos injustificables. No sé cómo dan con el nombre o el alias del agente de la Seguridad del Estado responsable del acto, y al día siguiente (o al otro, o al otro, da lo mismo), en un arranque de machismo cubano, Reynaldo Escobar, su esposo, le reta a duelo en una esquina de El Vedado, como si se tratara del Far West. ¿Iban a batirse con espada o con revólver? ¿Es que querían experimentar en carne propia la humillación de un acto de repudio? Soy absoluto conocedor de la magnitud bárbara de un hecho de este calibre y respeto y considero sobremanera a las personas que, de una manera u otra, hemos pasado por crueldades semejantes, de modo que me parece que provocar uno con el pretexto de llamar a contar a quien se pasó con “mi” esposa, representa casi un insulto y una gran falta de respeto. Por otra parte, si dar tan fácilmente con el delator, tomarle fotos, pedirle reparación del honor o la integridad mancillada, resulta tan fácil, y por una osadía semejante, en un régimen totalitario donde no se puede ni respirar, se espera que no se vaya a recibir otro castigo más allá que la respuesta rápida de la chusma paramilitar, entonces, está claro que la situación política en Cuba ha mejorado considerablemente desde los tiempos en que yo vivía allí.

© David Lago González, 2009.

martes 24 de noviembre de 2009

DAVID LAGO GONZÁLEZ - LA PRIORIDAD

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Entre todas las cosas de las que estoy harto, una de ellas es LA PRIORIDAD.

Por lo general, la prioridad siempre va en contra de uno. Desde los tiempos remotos en que uno vivía en Cuba, la Revolución decidió priorizar el futuro de “nuestros hijos” (decía) en base a sacrificar en vida la existencia de generaciones enteras. Eso no es invención de Fidel ni de ninguna lumbrera cubana, sino que es harto conocido que procede del comunismo. No sé a qué hijos se refería, o si más bien estaba hablando de los hijos de los hijos de los hijos de los hijos porque llevan cincuenta años en ello y no es que el futuro sea más negro, sino que el futuro terminó convirtiéndose en pasado pretérito y pluscuamperfecto. En España se da prioridad a que la juventud en pareja (preferiblemente “convencional”) opte a una vivienda de protección oficial con mayor puntuación que cualquier otro conglomerado social. Desde hace mucho tiempo, laboralmente se da prioridad también a la juventud en detrimento de la experiencia de la madurez, y esto, que comenzó de cierta forma proletaria o administrativa, se ha ido extendiendo a cualquier otro aspecto de la vida, de manera que ya a los 30 se ingresa en el umbral de la tercera edad. Abarca así al arte, a la política, al periodismo. A todo.

Las fundaciones del llamado “exilio cubano” que, a pesar de todas las crisis económicas habidas y por haber, hacen ingentes esfuerzos de sacrificio, priorizan la edición de libros de poesía (o de recetas de cocina) que escriben los presos políticos en las cárceles cubanas, dando con ello una validación literaria a quien pueda ser un hombre o mujer valiente, un extraordinario luchador por la libertad de su país, pero que no es, en ningún caso, poeta ni escritor. ¿Es que esta cualidad u oficio no vale nada? De la misma forma que no se puede servir a dos señores a la vez (lo dice La Biblia), tampoco se puede ser muchas cosas al mismo tiempo. Quien es capaz de hacer una cosa tan poco útil como escribir un buen poema, es muy probable, prácticamente seguro, que nunca podrá ni convertirse siquiera en zapatero remendón. Como estas instituciones están, por lo general, presididas por personas con ínfulas intelectuales pero de escasísima enjundia creadora, el birlibirloque de convertir a un patriota en un genio de la literatura no hace más que redundar en el fiasco y en el globo que se desinfla solo porque no ha sido bien anudado. ¿Por qué ese afán de convertir a alguien con un valor determinado en un ente total? ¿Son también víctimas del “síndrome del hombre nuevo?

Hace mucho tiempo, cuando todavía se realizaban las tertulias dominicales del Comité de Derechos Humanos (off Cuba) en el salón trasero del Café Central, sufragadas por el millonario Víctor Batista, no sé quién ni por qué razón decidió priorizar la ocasión para leer fragmentos y comentar el infame libro de Eliseo Alberto, “Informe contra mí mismo”. Hube de comprar y leerme (dispararme) “aquello” que al autor abrió las puertas del mundo capitalista de una manera nada “migratoria”, y cuando terminé de hacerlo me puse a escribir una carta a la Sra. Martha Frayde, presidenta del comité. No guardo copia de la misma: se la tragó el éter. Pero en dicha carta venía a decir que no comprendía cómo El Exilio se hacía ecos y apoyaba a quienes se las habían agenciado para vivir dentro de la Revolución y también fuera de ella, y subrayaba mi opinión de que esos esfuerzos deberían mejor ir orientados hacia talentos más lastimados por las circunstancias, como el de Carlos Victoria (que, por entonces, todavía no había publicado La Travesía Secreta, pero que yo conocía desde su primer borrador supuestamente definitivo). La carta fue leída en público por Pío Serrano, y quien la había escrito, nunca jamás volvió a pisar el saloncito del Café Central ni siquiera por el café gratis que se tomaba allí.

Pasado el tiempo, muchos años también, Martha Frayde me recordó aquella carta y me dijo que ella la guardaba porque era una de las cosas que había que guardar. Había pasado demasiado tiempo, pero, de todas formas, se lo agradecí.

Cuando Carlos Victoria vino a España, habiendo ya publicado la novela, tuvo la prioridad de visitar a la Sra. Frayde en su piso cercano a la antigua estación del norte. Yo hube de acompañarle hasta la puerta, y hube de esperar en un café a que saliera, ya que había sido convenientemente apartado del encuentro. Me dio esa prioridad. Nunca me dio ninguna otra. No obstante, defendió el riesgo de su amistad con Abel Prieto en las página de (Des)Encuentro.

Eso: cuestión de prioridades...

© 2009 David Lago González

lunes 23 de noviembre de 2009

OSVALDO LUGO en la intimidad

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Es una foto de mi habitación en el piso donde vivía antes de mudarme definitivamente al que en la actualidad habito.  Había colgado allí una pareja de cuadros de mi amigo el pintor Osvaldo Lugo, que en este piso todavía tengo pendiente de hacer.

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domingo 22 de noviembre de 2009

LEYENDO EN Wooster

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Una de las cosas que más aprecio de la vida en la horrible sociedad capitalista y su sistema de consumo atosigante es la normalidad. La normalidad de, cada sábado y domingo por la mañana, pasar una o dos horas en la cafetería preferida de mi barrio, leyendo el periódico. Claro, he pasado por etapas peores y por momentos mejores, pero esa tranquilidad de la que disfruto cada fin de semana es impagable, y por eso afirmo que me devuelve a una normalidad que sólo puedo comparar con la de mi padre al coincidir con sus paisanos en el Hotel Europa —propiedad de Riestra y Peón— y algunas otras veces en el Hotel París, que era también un punto de reunión de los emigrantes españoles en Camagüey. Por esa simple tontería, por ese hecho nimio, ha valido la pena haber dejado Cuba y la vida que me tocó asumir.

Leyendo en Wooster El País de este domingo doy con un magnífico editorial escrito por Santos Juliá acerca de la permanencia de la ideología comunista. Comparto totalmente su opinión, que termina, lamentable y dolorosamente, con la mención de ese país donde nací y que se presenta como la sustitución ideal (y mucho más cutre) a la Unión de los Soviets. Considero absolutamente importante y de primer orden que, los que por una u otra razón estamos enrolados en la intelectualidad cubana, no cedamos al intento sistemático de desgajar el Castrismo de su todo, el Comunismo. Es evidente que los esfuerzos de una parte de la intelectualidad, tanto dentro como fuera de Cuba, hacia una neutralización ficticia esconde este propósito. La oficialidad de los países comunistas del este europeo no tuvo tiempo para reciclarse y sucumbió mayormente por su propio peso y por ser tan falsa y vana como la ideología que la había creado, pero los veinte años transcurridos han dado tiempo de sobra en Cuba (y esa otra parte de Cuba que ni está dentro ni está fuera, pero que obedece más a la primera por sus propios intereses, ya que es en el único lugar donde se pueden sertir “alguien”) para validar, en la más absoluta y profunda confusión, el who’s who en aras de una prolongada supervivencia y la pretensión de un reconocimiento perdurable por encima de toda realidad y de toda valía.

Reproduzco a continuación el editorial de El País al que hago referencia:

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SANTOS JULIÁ  -  OPINIÓN

Comunismo: memoria y fe

http://www.elpais.com/articulo/opinion/Comunismo/memoria/fe/elpepusocdgm/20091122elpdmgpan_4/Tes

SANTOS JULIÁ 22/11/2009

El comunismo, escribió George Steiner, y no como juicio derogatorio sino como explicación de su fuerza para generar grandes obras de literatura en comparación con la pobreza del fascismo, es una "mitología del futuro humano, una visión de las posibilidades humanas rica en exigencia moral". Los mitos, como las visiones, pertenecen al orden de la fe, de las creencias, y los grandes relatos mitológicos, los que se viven a fondo porque prometen amaneceres que cantan, a la par que suscitan obras de arte plantean grandes exigencias morales. No se puede creer en otra vida y conducirse en ésta como un miserable.

Por eso, mientras el comunismo se organizó y creció como una especie de iglesia portadora de una mitología del futuro, fue una potente maquina de movilización en todos los órdenes de la vida, también en la política. En España, sin ir más lejos, los comunistas, que durante la República no pasaron de la dimensión ni del comportamiento de una secta, durante la guerra civil -como muestran Ángel Viñas y Fernando Hernández en su recienteEl desplome de la República- se convirtieron en el gran partido que pagó el precio más elevado en vidas por su disciplina y su determinación en mantener hasta el final la política de resistencia.

Los problemas del comunismo no surgen, pues, por el hecho de que sus militantes compartan una fe, crean en él, como al parecer vuelve a ocurrir con afiliados de las jóvenes generaciones, un fenómeno que alguna relación debe de tener con el reflorecimiento del espíritu de secta en la iglesia verdadera, la católica. Los problemas surgen, por el contrario, en el mismo momento en que el futuro humano prometido en el mito se hace presente, o sea, cuando los comunistas en lugar de iglesia de creyentes se convierten en iglesia triunfante. En este punto, no se conoce ninguna excepción: el poder comunista, se mire por donde se mire, ha sido siempre un horror. Un horror no como metáfora o cualquier otra figura retórica sino como práctica diaria de bárbaras técnicas de poder.

A esta historia de ejercicio del poder a base de purgas hacia dentro y de terror hacia fuera y al colapso final del gigantesco aparato construido sobre una burocracia de partido y una policía política es a lo que nunca se ha enfrentado en serio el Partido Comunista de España. Tampoco ahora: muy en la línea de no querer mirar de frente su pasado, elInforme al XVIII Congreso -celebrado hace unos días- ofrece del hundimiento de la URSS una explicación pintoresca: saqueadores de fuera y canallas de dentro se habrían repartido todo el botín. A eso se reduce el bagaje marxista de la nueva dirección: a explicar la desaparición de un sistema que llegó a implantarse en media humanidad por el ansia de botín de un puñado de saqueadores y canallas. ¿Canallas en la URSS, en Polonia, en Rumania, en Hungría, en Checoslovaquia, o un canalla sistemático? Y ¿qué saqueaban los saqueadores si con el botín no se podía hacer otra cosa que tirarlo a la basura?

Ah, escriben, pero el intento fue serio y las ideas que dieron vida a los procesos revolucionarios, "eran válidas, son válidas". Hay que leerlo para creerlo: de la seriedad del intento y de la actual validez de aquellas ideas, sostenidas en una fe inquebrantable, deduce el PCE que es preciso intentarlo de nuevo. Y como se trata de una historia insoportable, este resurgir del ideal comunista como mitología de futuro se acompaña, por lo que respecta al pasado, de una llamada a la memoria: que no nos hurten nuestra memoria, dice Centella; y por lo que se refiere al futuro, de una mirada hacia el continente en el que germina una nueva "sociedad de camaradas", América Latina.

En esto consiste todo el cimiento de memoria y fe sobre el que edifica el PCE su llamada a convertirse en "un referente moral, ideológico y político para muchas y muchos jóvenes": primero, en recordar la fortaleza moral y la solidez ideológica de los viejos militantes que lucharon contra la dictadura a la vez que se tiende un manto de silencio sobre lo ocurrido cuando la mitología de futuro, para desventura de millones de seres humanos, se convirtió en poder del presente; y segundo, y puesto que la URSS dejó de ser faro y guía "hace una eternidad", en dirigir la mirada a "los procesos anticapitalistas de poder popular" de Latinoamérica. Todo lo cual queda resumido en la consigna: "Socialismo, con mayúscula y sin complejos", que el nuevo secretario general recita como mitología de futuro de la nueva generación antes de emprender su peregrinaje a Cuba.

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No considero de suficiente interés extenderme en consideraciones sobre la crónica de Mauricio Vicent acerca de los últimos incidentes alrededor de Yoani Sánchez y su esposo (http://www.elpais.com/articulo/internacional/Dias/infarto/Yoani/Sanchez/elpepuint/20091121elpepuint_2/Tes), ya que, como se sabe, Mauricio Vicent sólo escribe de lo permisible y lo permitido.

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viernes 20 de noviembre de 2009

ANDY BERGEN - Los cubanos

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(C) César Beltrán

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LOS CUBANOS

por Andy Bergen,

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El primer pecado del cubano

fue su aprecio desmedido por el standard de vida y el progreso.

El segundo pecado

fue que antes de 1959 su moneda nacional valía más que el dólar.

El tercer pecado

fue hacerle la música al mundo.

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Pero el peor pecado de los cubanos fue levantar una ciudad de lo que fuera un terreno pantanoso en Florida para convertirla en el puerto estadounidense hacia las Américas y un punto obligado del turismo mundial. Quien le niegue este pecado a los industriosos cubanos, está divagando o es un acomplejado.
Entonces, ¿los cubanos son malos, regulares o simplemente muy buenos?


Jesucristo dio una pauta para la conducta humana cuando dijo: "Por sus obras los conoceréis". Así que ya tienen en Miami una regla para medir a los cubanos.


Yo no soy de ascendencia cubana.. Tampoco creo que los cubanos lo sean, pues los verdaderos cubanos fueron los Taínos, los Siboneyes y Guanahatabeyes que poblaban la hermosa isla, pero fueron exterminados por quienes luego dieron origen al nuevo pueblo cubano. 


Creo que la expresión "cubano" viene siendo como un título de nobleza. No se puede decir siquiera que cubano sea una raza... En el pueblo cubano hay de todo: blancos europeos, negros, mulatos y hasta asiáticos.


A mi entender, el cubano no es más que un proyecto genético bien concebido en un lugar llamado Cuba. Creo realmente que el cubano es distinto a todos los demás latinoamericanos. Tal vez sea su posición geográfica o su herencia euro-africana la que los hace tan especiales.


Los cubanos hablan alto, gesticulan con las manos, son prepotentes y se ríen de todo el mundo, pero también de ellos mismos y de sus desgracias. De su dolor sacan arte y de su alegría hacen verdaderas zarzuelas. El cubano no suele ser racista, pero sí es clasista."Lo bueno que tiene Miami, es que aquí todas las aguas cogen su nivel", me dijo una vez un amigo cubano refiriéndose a las castas sociales, supuestamente eliminadas en Cuba para que la chusma se mezcle con las capas altas y educadas. Sin embargo, el cubano liberó al negro mucho antes de que los negros estadounidenses fueran libres. En Cuba nunca se les llamó afrocubanos sino, simplemente, cubanos. El negro de Cuba es tan cubano como el blanco o el mestizo.


No obstante, los cubanos, en especial los de Miami, son uno de los pueblos más vilipendeados en el mundo. Creo sinceramente que hay mucha envidia en esas críticas.


Molesta mucho su éxito extraordinario, sus cinco congresistas en el Congreso de EE.UU, su enorme poder económico, su influencia política, su afán de trabajo y progreso, la imposición de su idioma y sus costumbres, y mucho más.


El cubano por su ingenio y laboriosidad nunca podrá escapar a su destino.


Siempre tendrá a su lado al hermano Cain al amigo Cain a todas esas razas y etnias que no soportan el éxito de los demás y quieren aplastar a los triunfadores.


Yo vivía en Miami en los 60s, cuando los cubanos empezaron a llegar en grandes cantidades. No tenían nada, sólo un gran orgullo y el inmenso dolor de haber tenido que dejar a su bella isla detrás. Pronto me di cuenta de que esta gente no había llegado a Estados Unidos en busca de un plato de comida. Venían con alma de colonizadores, en busca de progreso y libertad de ideas y expresión; y conquistaron estas tierras, para luego levantar a la gran urbe cosmopolita que es el Miami de hoy.


¿Qué habría sido de la isla de Cuba si a su pueblo no le hubieran truncado la creatividad y el espíritu empresarial?

Probablemente sería la verdadera "perla de las Antillas", envidia de América Latina y de muchos pueblos más..


Los cubanos son comparables con la comunidad judía e italiana en Estados Unidos, que se levantaron triunfantes después de años de vicisitudes.


¿Qué sería de Miami si algún día se marchan los cubanos?

Ningún otro pueblo lograría imprimirle tanto sabor y alegría a la ciudad de Miami.   Por eso me gusta tanto la letra de la canción de la cantante cubana Marisela Verena...  Nosotros los cubanos y el resto de la humanidad... ....

 

"EL TRABAJO OS HARÁ LIBRES", entrevista a José Mario por Jacobo Machover (2000) e incluida en su más reciente publicación, "El Libro Negro del Castrismo"

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(C) Erwin Olaf

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La entrevista con José Mario es inédita en español. Se la había hecho en su buhardilla en el año 2000 y habíamos hablado del asunto en múltiples ocasiones. Había salido en francés en el libro "Le siècle des camps" de Joël Kotek y Pierre Rigoulot. Te la envío en attachment.

Jacobo Machover

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“EL TRABAJO OS HARÁ HOMBRES”

JOSÉ MARIO

“El objetivo de la UMAP era convertirnos a nosotros, a los que ellos pensaban que no servíamos para nada, en una fuerza de trabajo.”

El poeta José Mario era director de las ediciones El Puente, que publicaba libros considerados como marginales por las autoridades.

A mediados de los años 60, esas publicaciones fueron denunciadas públicamente por su contenido, que no correspondía a las normas dictadas por la moral del sistema. José Mario fue detenido en 1966. Pasó ocho meses en un campo llamado UMAP (Unidad militar de ayuda a la producción) en la provincia de Camagüey. Se exilió más tarde a Madrid, donde murió en 2002. El poeta tenía que contar su experiencia, compartida por numerosos jóvenes que fueron enviados a esos campos simplemente porque su apariencia y su actitud no cuajaban con el “hombre nuevo” definido por el régimen.

La UMAP constituyó una terrible experiencia concentracionaria, uno de los peores experimentos llevados a cabo por la revolución cubana.

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Estadios y autobuses

José Mario: “Me llamaron para el Servicio militar. Hubo una primera llamada donde se cometieron horrores todavía más grandes que en la segunda. Esa vez hubo muchísimos muertos. Durante la segunda llamada iban a hacer un experimento de colectivización para aplicárselo a más gente. Estaba planificada por Fidel. La gente estaba al corriente. Eso se corrió en La Habana. En Cuba no se publicó nada pero eso afectó a miles de personas. Eran citadas en los estadios y llamadas para el Servicio Militar. Donde yo estuve, era en el estadio de La Tropical. Allí había cuatro o cinco mil personas. Nos tuvieron allí desde las dos o tres de la tarde hasta la medianoche.

Luego nos metieron en unos autobuses Leyland. Precintaban las puertas traseras. En la puerta delantera estaban un militar armado con un rifle y un chofer. Los autobuses nos fueron a descargar en Ciego de Ávila, en la provincia de Camagüey. Amanecía cuando llegamos allí.

Íbamos de pie en el autobús, como cincuenta personas. Para orinar y cagar, teníamos que hacerlo en la puerta de atrás. Había gente que hacía sus necesidades porque fue toda una noche viajando en el autobús con las ventanas y las puertas cerradas. El agua yo no sé de dónde venía. La gente pedía agua por las rendijas de las ventanillas.

Después, cuando llegamos a Ciego de Ávila, no nos dieron nada de comer, ni desayuno ni almuerzo ni nada. Nos tuvieron en el estadio. Allí fue cuando me di cuenta de que había gente de muchos lugares, gente que yo conocía, alguna que había visto antes en La Habana.

En el estadio aparecieron cientos de mujeres, las madres que tenían hijos y que intentaban impedir, a gritos, que se los llevaran.

De allí nos mandaron a distintos campos.

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El campo

El campo tenía unos ciento cincuenta metros de largo por unos treinta de ancho. Eran unos barracones muy parecidos a los de los campos habituales. Entonces las camas eran de saco y tronco. Eran como camas dobles, una abajo y otra arriba. Ciento veinte personas había

en cada barracón de ésos. Y una especie de enfermería donde estaba el nido de ametralladoras. Tendrían como dos metros de alto las alambradas. Estaba todo cercado. Después de la entrada estaban los excusados y un comedor donde comíamos nosotros. Era una especie de nave también. Y a la punta de la nave estaban los baños, unas duchas de agua. Mientras unos se bañaban, otros tenían que darle a unas especies de palancas para subir el agua. Y en medio de las dos naves vivían los militares. Estábamos por comunidades militares.

Estaba militarizado todo. Estaban los cabos, el capitán del Ejército, que mandaba toda la compañía, y un sargento. Eso era el campo. Y allí llegamos nosotros. Tenía un cartel enorme que decía: “EL TRABAJO OS HARÁ HOMBRES”.

Eso me llamó mucho la atención porque era algo que había leído en Salvatore Quasimodo, el poeta, que había recibido el premio Nobel hacía unos años. Él tenía un poema en el que decía: “El trabajo os hará libres”, lo que ponían en la entrada de algunos campos de concentración.

Todo eso venía de los soviéticos. Los cubanos habían copiado la frase de alguno de los libros, traducidos al español, que mandaban los soviéticos de la Academia de Ciencias de la URSS a la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, la UNEAC.

En el campo estaban el teniente, un sargento y los cabos, que eran extraídos de la primera experiencia y eran terribles por eso. Eran ellos los que tenían trato con nosotros, los que nos formaban, los que nos comandaban, los que nos llevaban a trabajar fuera del campo y nos volvían a traer al campo. Nosotros éramos ciento veinte hombres.

La culpabilidad que crearon en la UMAP tenía como objetivo el hacernos distintos unos de otros, para que no tuviéramos contactos entre nosotros, para que no hubiera solidaridad. Era para evitar cualquier tipo de levantamiento o de subversión, para evitar que nos organizáramos.

Así y todo, la gente se organizó.

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“Detritus de la sociedad”

Donde nosotros estuvimos había de todo: Testigos de Jehová, cristianos, sacerdotes, homosexuales, gente perteneciente a las sectas religiosas, católicos, afeminados. Muchísimos negros también. Delincuentes que habían sido reincidentes. Mucha gente de diferentes extracciones de la marginalidad, a la que no podían acusar de nada o que cometía delitos muy pequeños y a la que no podían llevar hasta ningún tribunal. Esa gente había sido denunciada por los Comités de Defensa de la Revolución, los CDR. Las denuncias eran secretas. Nadie sabía quién te denunciaba.

El origen era la ideología del hombre nuevo... Había que culpabilizarnos a nosotros, hacernos creer que éramos unos detritus de la sociedad, lo peor, y que el papel de ellos era una rehabilitación. El hacernos culpables. El crear culpables.

En el discurso de bienvenida que nos dio el teniente del Ejército, él dijo que era un plan de Fidel y de Raúl Castro y, también, de Efigenio Amejeiras. Ese proyecto se había llevado a cabo en distintos países socialistas. El capitán nos dijo que nos iban a hacer hombres, que nos iban a convertir en unas personas maravillosas, pero castigándonos, por supuesto, sometiéndonos a todo tipo de vejaciones, que fue lo que hicieron.”

Madrid, 1991 – 2000

 

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Como ya he apuntado en título del post, esta entrevista se incluye en "El Libro Negro del Castrismo", de Jacobo Machover, que se presenta en la Feria Internacional del Libro de Miami el día 24.  He aquí la invitación enviada por el PEN Club.

 

Ediciones Universal

y

El Instituto de Estudios Cubanos y Cubano-Americanos

Les invitan a la presentación del libro

“EL LIBRO  NEGRO DEL CASTRISMO”

del escritor y profesor
Jacobo Machover

Testimonio, y  prueba, de los asesinatos, represión,  encarcelamiento, todos los medios de los que se ha valido el régimen totalitario cubano, durante cincuenta años, para quebrantar e intentar hacer desaparecer la resistencia y la lucha por la libertad y lo elemental del espíritu humano.  Estructurado en cinco partes ("Resistencias colectivas a la opresión"; "La prisión, territorio libre de Cuba"; "Los intelectuales fuera del juego"; "La huida sin fin"; "Disidentes y marginales: todos culpables"), recoge entrevistas, realizadas durante 25 años. Ilustración de la portada e interiores por la reconocida artista cubana, residente en París, Gina Pellón.

PRESENTACION:

Armando Álvarez Bravo, ex-Presidente del PEN Club de Escritores Cubanos en el Exilio

Pedro Corzo, Presidente del Instituto de la Memoria Histórica Contra el Totalitarismo.

Isis Wirth, critica de arte y danza

Jacobo Machover nació en La Habana.  Vive en París desde 1963. Catedrático universitario en Francia, periodista, traductor, escribe indistintamente en español y en francés. Entre sus publicaciones se encuentran los libros siguientes: Memoria de siglos. Betania, Madrid. 1990.  La Habana 1952 – 1961. El final de un mundo, el principio de una ilusión (dir.). Madrid, Alianza, 1995; El heraldo de las malas noticias: Guillermo Cabrera Infante (Ensayo a dos voces), Universal, Miami, 1996; La memoria frente al poder. Escritores cubanos del exilio: Guillermo Cabrera Infante, Severo Sarduy, Reinaldo Arenas. Prensas Universitarias de Valencia, Valencia, 2001; La dinastía Castro. Los misterios y secretos de su poder. Áltera, Madrid, 2007; La cara oculta del Che. Desmitificación de un héroe romántico.Planeta, Barcelona , 2008.

Martes, 24 de noviembre, 2009, 7:00 p.m.

Casa Bacardi

Instituto de Estudios Cubanos y Cubano-Americanos

Universidad de Miami

1531 Brescia Avenida, Coral Gables

RSVP: Para reservar llamar al Instituto al (305) 284-CUBA (2822).

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Escepticismo

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Yes No Maybe

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