sábado, 18 de septiembre de 2010

Los nativos de la Isla de Juana se adelantan a la nueva etapa de cambios que “cambiará” sus vidas

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Esther Bubley - Matera, Italy, 1954(Esther Bubley - Matera, Italy, 1954)

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Ayer tarde estaba en un café dilettante muy cerca de casa, al que suelo ir con la frecuencia que el bolsillo me permite.  Le llevé a las chicas (supongo que dueñas) un CD de Sophie Milman que les había grabado.  Estaba leyéndome un relato de mi amigo Rolando (Morelli) que me mandó hace unos días, y en eso me llama otro amigo al móvil.  Bueno, la historia a contar es ésta:

Mi amigo acaba de pasarse dos meses y medio en Cuba  --que nadie se atreva a estas alturas a juzgar este hecho, sobre todo desde que es uno de los derechos que piden los antiguos mayimbes ex-carcelados que llegan a Madrid--  y estando en la Isla de Pinos (según Cuca, “de la Juventud”) quiso sacar dinero de un cajero automático.  Ya me sorprendió que hubieran avanzado tanto y hayan pasado del trueque para nativos al bienestar de los extranjeros.  Pero más me sorprendió todo el resto de la anécdota.  El cajero se traga la tarjeta y, como era sábado, no la pudo recoger hasta el lunes siguiente.  Así que, una vez recuperada, siguió sacando cantidades de unos 100 euros porque eso de sobra le valía para los gastos allí.  Pero un día, ya al final de la estancia en la Isla de la Siguaraya, el cajero le devuelve la tarjeta diciendo que no tenía fondos.  Sin cobertura por arriba ni por abajo, ni por un lado ni por el otro, el muchacho espera a volver a Madrid para poder arreglar el malentendido con su banco o caja correspondiente.

Cuando una vez aquí acude a su sucursal, verifica que le han vaciado la cuenta.  Todas las extracciones habían hecho en la sub-isla, incluso cuando él ya no estaba allí, incluido el día y la hora en que estaba volando hacia España.  Su banco está intentando recuperar algo.

¡Y eso que no ha llegado El Cambio!  Todavía ni se ha muerto ni han matado al Ceacescu tropical, y ya sus súbditos son expertos en clonar tarjetas de crédito y hacer todo lo que hacen los delincuentes de ese tipo, sobre todo en España y otros países europeos, donde estas bandas (mayormente formadas por rumanos, búlgaros, albaneses, albano-kosavares) operan sin tregua a pesar de lo perseguidas que están y la frecuencia con que descubren sus fechorías.  Por supuesto, estos rumanos y otros subproductos del hermoso bloque comunista no son zíngaros romaníes.  A esos Ceacescu los mantenía bien escondidos y bien guardados en sus reservas para que no los viera ningún intruso.  Claro que tampoco hay muchos intrusos por los países comunistas que quieran conocer la realidad pues la mayoría va a reforzar su fé en sus dioses ideológicos.  Los que a estos menesteres se ocupan ahora suelen ser antiguos egresados de los departamentos encargados de velar por la seguridad del estado de esos otrora luminosos ejemplos de futuro.  También las bandas que se dedican a desvalijar las casas de los barrios residenciales, y los zingaritos que rapiñan por los pisos de la clase trabajadora si se te ocurre ir a comprar el pan sin pasar el doble seguro.  Al pintor Lorenzo Vega, creo que el año pasado, le rodearon cinco angelicales romaníes con mocos y lagañas en un cajero automático de la calle y le birlaron 500 euros en cuanto el primer billete asomó por la ranura.  Se conoce que esa señora luxemburguesa de la Unión Europea ni siquiera tiene necesidad de pasar por un cajero.

David Lago González

3 comentarios:

loca del blog dijo...

A todo el que va a Cuba siempre le he recomendado que no use los cajeros, que vaya con una persona de carne y hueso dentro del banco y que no permita que se lleven su tarjeta para dentro para confirmar "no se qué"
Amén que la mayoría de los cajeros automáticos no tienen privacidad ninguna, están muchos al lado de la acera, y los pobres cubanos curiosos, muchas veces se paran detras "ingenuamente" para ver como funciona la maquinita..

David Lago González dijo...

La tarjeta no salió del banco!!! hasta que él no la recogió. Los nativos han superado a todos los demás delincuentes porque es en el propio banco donde están: por eso Cuca siempre dice que somos las mejores!!!!!!!!!!!!

Zoé Valdés dijo...

Y lo que nos falta por ver.