sábado, 3 de abril de 2010

De cómo conseguir trabajo después de haber sido expulsado de la Universidad por “apatía política”

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Cuando se leen esas viñetas de la vida cotidiana que se supone que Yoani Sánchez o su marido cuelgan en su blog, uno esboza una sonrisa. Cuando uno se enfrenta a la soberbia de los últimos que llegaron a ser primeros y que da a entender que su verdad es la única verdad y media hora antes de ellos ya no hay pasado posible, uno los manda al carajo.

En el año 72, por segunda vez interrumpieron mi intención universitaria. Fui “separado” de la carrera de Licenciatura en Ciencias Económicas en la Universidad de Camagüey (todavía ni siquiera existía el edificio de la universidad como tal) por “apatía política”, aunque yo hacía el resto que los demás. El rector, si mal no recuerdo de apellido Abrahantes, me comunicó, un poco nervioso ante mi gesto y figura impertérritas en la que no se podía adivinar reacción posible alguna, que se tomaba esa actitud para que, en la vida laboral y al contacto con la clase obrera, yo aprendiera a valorar lo que La Revolución hacía por mí aun sin merecerlo. Era en realidad, lo que hoy podríamos llamar “una respuesta predeterminada” que le decían a cualquier persona que echaban y constituía la forma más light de despedir al descarriado. En el pogrom cayeron dos o tres estudiantes más.

Luego, off the record, me darían otra versión de por qué me habían aplicada la razia, pero ahora no viene al caso.

Quiero recordar, y recuerdo, las vicisitudes y peligros por los que tuve que pasar para incorporarme al mercado laboral e intentar sanar así, como me lo había pedido el Sr. Abrahantes, mi desviación pequeño-burguesa.

En aquel momento en toda Cuba el mercado laboral estaba centralizado. Para el común de los mortales, teníamos que acudir a una especie de oficina del paro que se encargaba de ubicarnos en distintas empresas (estatales naturalmente) que precisaran mano de obra. Si a este sitio (un único sitio por ciudad o pueblo) se iba sin el apoyo de nadie, absolutamente de nadie, sólo se podía escoger entre cortar caña y trabajar en la construcción. Contratar por fuera de este control establecido estaba terminantemente prohibido, pero sin duda una pequeña o gran ayuda constituida por la intermediación de alguien que fuera más o menos “alguien” y conociera allí dentro a alguien que fuera también más o menos “alguien”, podía cambiar el futuro a cualquiera.

Carlos Victoria ya había pasado por lo mismo como un año antes y por fin lo habían trasladado de su primer destino en vivero a una pequeña oficina de asuntos provinciales o de ese vivero pero situada en la ciudad. En el momento en que me tocaba a mí las opciones, específicamente, eran construcción en la Presa Najasa y corte de caña por toda la provincia.

Durante más o menos un mes estuve intentando encontrar a ese “alguien” que me pudiera ofrecer una brizna de paja. Recuerdo que por medio de un enamorado de una prima hasta se acudió a un secuestrador de aviones, un terrorista colombiano que además era vecino mío pues le habían dado la casa de los Domínguez en la calle Emiliano Agüero Varona. El muy... terrorista, no hizo más que dormirme y hacerme perder tiempo. De modo que tuve que decidirme y presentarme allí por mí mismo, sin el respaldo de nadie.

Aun así, cogí una vez más mi viejo y muy cuidado certificado médico de afección lumbar firmado por un médico ortopédico (o tocólogo), creo que de apellido del Pino, y que en dos de los innumerables reconocimientos médicos para ser llamado al servicio militar obligatorio, me había salvado de las filas pues, además, era el mismo especialista el que formaba parte del consejo médico militar. Y una vez allí pedí hablar con el compañero encargado de minusvalías.

El compañero en cuestión era un gordo inmenso que miró aquel papel con el más absoluto desprecio y me preguntó “¿Y esto qué es?” Él me dijo que se lo dejara y que volviera no sé cuándo.

No sé cuándo llegó, y allí estaba yo sentado frente y esperando lo peor, como así corroboraron los hechos que a continuación relataré. Él llamó por el interfono —¡tenían interfonos, sí señor!— a un compañero y le dijo que ya David Lago estaba allí. Al minuto escaso se abrió la puerta y entró un chico rubio y guapito, quizás dos años mayor que yo, al que conocía de vista de las zonas de “la onda” y del que se sabía dónde trabajaba y se comentaba que era informante del MININT (Ministerio del Interior). La única ventaja que yo tenía sobre él es que yo era más guapo y, además, todavía tendría por bastante tiempo mucho más pelo que él, que lo estaba perdiendo a pasos agigantados. Cuando lo vi, supe que el débil sol que nos alumbraba se había eclipsado.

No puedo recordar el léxico exacto empleado pues, gracias a Dios y a lo que sea, algunas cosas he podido olvidar. Pero sí recuerdo que me saludó como si nos conociéramos más que de vista y explicó a su compañero que efectivamente coincidíamos muchas veces en la Plaza del Gallo, zona de los hippies (o los patéticos hippies camagüeyanos que éramos), y cogiendo el certificado médico y haciéndolo trizas me espetaba; “Y tú te crees, maricón de mierda, que vas a venir a librarte de cortar caña con este papelito?!” Lo del insulto de “maricón”, y además su categoría, ya eran cosas que tenía totalmente asumidas, pero sí defendí —incluso levantándome de la silla— la absoluta garantía del documento, mientras él me recalcaba “pues mira lo que yo con él”. Lo rompió. ¡Rompió mi única salvación! Y tomando un volante y poniéndose a rellenarlo, agregó, todo iracundo, “¡Y preséntate pasado mañana aquí, a las 8, frente al compañero (g.a.d., olvidado), para aplicarte La Ley Contra La Vagancia porque has estado un mes, TODO UN MES, sin registrarte aquí cuando sólo tenías de plazo quince días!”

Claro..., claro.... Yo me fui a casa, qué otra cosa podía hacer. No se lo conté a mis padres. Llamé a la oficina de Carlos y le dije lo que había pasado. Conversación quizás con más silencios que palabras, pero las suficientes para que una compañera de trabajo suya le preguntara preocupada por el tema de conversación. A los pocos minutos me llama Carlos, me dice de su compañera de trabajo y que ésta ya había hablado con una amiga que trabajaba allí mismo en el Centro de Re-ubicaciones, por lo que tenía que estar a la mañana siguiente, antes de las 8, antes de que llegara todo el mundo, por la puerta de atrás y que no preguntara por nadie pero que enseguida iba a saber de qué personaje se trataba.

Efectivamente, al día siguiente, en la parte de atrás, los funcionarios entrando, y veo a aquella mujer, que sólo podía ser aquella mujer, esa mujer, la mujer. Cuando me pasó al lado para entrar, sólo tuve que empezar a decir: “veng...” Y me dijo “Pasa”. Llegamos de inmediato a su oficina y sin mirarnos, le dijo a otro: “hazle a este muchacho una ubicación para la Presa Najasa, de peón” “Y cuando te la de, vete corriendo”, me dijo a mí.

Nunca jamás llegué a conocer a la compañera de trabajo de Carlos que me había salvado la vida.

© 2010 David Lago González

 

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5 comentarios:

ElcubanitoKC dijo...

¡Necesitamos tu ayuda!! Tanto si has apoyado la campaña OZT como si no lo has hecho todavía. Divulga la campaña "OZT: Yo acuso al Gobierno Cubano" (http://orlandozapatatamayo.blogspot.com), que promueve la carta "Por la liberación de los presos políticos cubanos", a firmar en http://firmasjamaylibertad.com/ozt/ o por correo electrónico dirigiendo un email a ozt.prensa@gmail.com con el nombre, los apellidos, la ciudad y el país de residencia.
Ya la han firmado más de 43mil personas en todo el mundo.
Nombres como los de Carlos Moore, Mario Vargas Llosa, Alvaro Vargas Llosa, Alexis Núñez Oliva, Fernando Savater,Rosa Montero, Paquito D Rivera, Abilio Estévez, Iván de la Nuez, Maria Conchita Alonso y muchos más.
Si ya te has hecho eco, ¡gracias ante todo!! Considera entonces enviarle esta invitación a tus amigos, por ejemplo por email a los que viven en Cuba.
¡Pasa la voz! Que no haya cubano de a pie que no se entere! ¡TODOS debemos ser parte del futuro que merece Cuba, uno donde no se reprima por pensar diferente.
¡Contamos contigo! ¡GRACIAS!

Diana dijo...

Yo acuso al gobiernito cubano ya toda su peste de lamepisos de haber invadido mi país, fungir ´como espías, sapos baratos que venderían a su madre por un kilo de azúcar, basura importada y atrasada en todos los aspectos que ha venido a saquear a mi patria, a manejar el sicariato y hacer el trabajo sucio de su jefe genocida. ¡Muera Cuba!
¡Muera Fidel!

David Lago González dijo...

Diana, cariño, pero qué te dio??? Te has mirado la tensión??? Ten cuidado, que el ictus no avisa, como el colesterol. ¿Qué va a decir de ti "el sicariato"? Mira que a mí me han dicho cosas raras en la vida, pero lo del "sicariato" es nuevo. Sicariato viene de sicario? Pues entonces yo creo que te fuiste un poco más pa'bajo, p'al coño sur: lo de los sicarios es más bien de Colombia y el narcotráfico. Pero los cubanos????!!!! Ay, no, hija, no: ojalá tuvieran huevos de verdad para ser sicarios.
Pero mírate la tensión, por favor, me has dejado preocupa'o (como dice Felipe González)

David Lago González dijo...

Y a KC & the Sunshine Band en su versión cubana, que no me deje más mensajes que no tienen que ver con el post. Que OZT, que esté en La Gloria y Todo Eso, pero él tiene un site bien pagado y bien hecho y no tiene por qué estar ocupando espacio en otros lugares.

Además, COÑO: YO NO QUIERO SER PARTE DEL FUTURO QUE SE MERECE CUBA!

Los relatos de Maurice Sparks dijo...

Happy Easter!

Te invito a leer mi nuevo relato. Gracias.

http://losrelatosdemauricesparks.blogspot.com/2010/04/las-partes-del-cuerpo.html