jueves, 2 de junio de 2011

TOO MUCH

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Estoy a punto de pensar que Todo El Mundo conspira contra mí. Este paseíto hasta divertido de La Bloguera Mayor de La Colonia se me clava en pleno estómago. Quiero escribir, debo escribir, tengo que escribir a esa Defensora del Lector de El País para que me defienda como lector (cosa que Johanna Sánchez no es por razones obvias de falta de libertad) y como español en su momento engañado por el cónsul (año 1980), pero me atrevo a sospechar que ella gusta más defender a la Cuba oficial y oficiosa y a cualquier ramificación de Bildu. Debería demandar a aquel cónsul –cuyo nombre ya me dijeron— y elevar ¿mi plegaria? a la Ministra de Exteriores. Debería, debería, debería…

DLG

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TRIBUNA: YOANI SÁNCHEZ

Fábrica de españoles

YOANI SÁNCHEZ 02/06/2011

http://www.elpais.com/articulo/opinion/Fabrica/espanoles/elpepuopi/20110602elpepiopi_5/Tes

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A Jorge le falta la certificación de nacimiento del abuelo canario para recibir su nueva nacionalidad en la Embajada española de La Habana. Solo a dos puertas de su casa, Evarista lleva tres años con los trámites varados mientras espera el acta matrimonial de sus ancestros maternos. El próximo agosto, Maritza -que vive encima de la bodega- partirá con sus dos hijos menores de 21 años a probar fortuna en Oviedo; abordará el avión con su nuevo pasaporte comunitario logrado a través de la llamada ley de nietos. Por todo el barrio la gente hurga en los cajones, busca las viejas fotos familiares, reconstruye un árbol genealógico que hasta ayer era solo pasatiempo de gente obsesionada con el abolengo. Los cubanos miran cada vez más hacia atrás y hacia afuera, desempolvan sus vínculos con la Península. No hay sitios más dinámicos y concurridos en este país que los consulados, ni posesión más preciada que un pariente que alguna vez habló con la zeta.

Miles de personas solicitan la nacionalidad española para escapar de Cuba

Somos una isla que se va, que escapa y ni los cantos de las tímidas reformas económicas logran dejarnos amarrados al mástil nacional. Cuando se cancela un camino de huida, la presión interna empuja para que aparezcan otros. Hace un par de años el derrotero pasaba por Ecuador; en aquel tiempo todavía no era necesario que contáramos con un visado para llegar hasta ese territorio sudamericano. Y allá se marcharon miles de compatriotas, de los cuales una parte logró saltar finalmente hacia suelo norteamericano. Otros siguen -aún hoy- atrapados entre su estatus ilegal en aquellas tierras y la imposibilidad de entrar nuevamente como residentes a su propio país. El sendero de la fuga pasó también a través de Rusia. Amigos y conocidos nos contaban que en breve volarían hacia Moscú, cuando bien sabíamos que no tenían a nadie por aquellos lares, ni real interés de quedarse a vivir en la que una vez también fue nuestra metrópoli. Y entonces apareció la ruta inversa de Cristóbal Colón, el turno de la tercera generación nacida en las tierras de ultramar, que retorna ahora a la patria de sus abuelos. La esquina que hacen las calles Cárcel y Zulueta, donde ondea la bandera rojiamarilla, se ha convertido en un sitio de peregrinación para quienes quieren partir. La fila de espera es inmensa, los custodios revisan todos los papeles antes de dejar pasar, el sol del mediodía caribeño no hace desistir a nadie.

Entre las grandes paradojas que marcan nuestra realidad, se destaca la de un discurso oficial sumamente nacionalista en contraposición con los extendidos sueños de emigrar que acaricia la mayoría de los cubanos. Una verdadera obsesión por partir recorre el país y no distingue edades ni filiación política. Hasta en las filas del Partido Comunista se han tomado medidas para detener la estampida, impidiéndole a sus militantes que comiencen los trámites de la nacionalidad española. El resultado no ha sido el esperado: muchos prefieren renunciar a su carné antes que esconder los papeles de la abuela gallega o del padre andaluz. El fracaso tiene así una forma clara de manifestarse en la emigración. A eso le llamamos "votar con los pies", es la peculiar forma de mostrar la inconformidad que hemos encontrado.

Mientras, el mar sigue siendo una opción. Las embarcaciones ya no son tan improvisadas como las que surcaron las aguas en 1994 durante la crisis de los balseros. Un GPS cuesta alrededor de 300 euros en el mercado informal y es la pieza clave para enrumbar proa hacia La Florida. En algunos parajes intrincados de la costa norte, siguen llegando las lanchas rápidas en las que los exiliados mandan a buscar a su familia. El riesgo es enorme para los tripulantes y los tripulados, pero cuando de irse se trata, pocos valoran el peligro. Se sabe de personas que han sido interceptadas -ya sea por los guardacostas norteamericanos o por los cubanos- al menos una docena de veces y no obstante siguen intentándolo. Es como si un potente imán tirara de ellos hacia fuera o, más acertadamente, como si una fuerza de repulsión los empujara desde adentro.

Quienes tienen hijos pequeños o le temen a los tiburones exploran nuevas sendas. Hacerse con la nacionalidad de otro país es una de ellas. Se les ve recorriendo los juzgados, los archivos, las oficinas que expenden certificaciones de nacimientos o actas matrimoniales. Hacen un periplo para el que deberán llevar buena dosis de constancia a prueba de todo tipo de tropiezos.

Pero no importa. Después, cuando todo el dossier del abuelo esté completado, irán a su cita en el consulado de la calle Zulueta. Callados, atentos, esperarán a las afueras del majestuoso edificio hasta que logren entrar. Son decenas, cientos, miles de solicitantes cada semana. Si se mira desde la acera de enfrente, desde el mismísimo Museo de la Revolución que está a solo unos metros, parece que estamos ante una producción continua. Entran a raudales por una puerta siendo cubanos y salen mostrando el documento que los reconoce ciudadanos de otro lugar. Hasta caminan diferente cuando dejan atrás la amplia verja, parecen más ligeros, menos nerviosos, más españoles.

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Yoani Sánchez, periodista cubana y autora del blog Generación Y, fue galardonada en 2008 con el Premio Ortega y Gasset de Periodismo. © Yoani Sánchez / bgagency-Milán.

7 comentarios:

Esperanza E. Serrano dijo...

Me imagino que el cubano de a pie, oriental como yo, y mas marginado que un laton de basura en plena calle, si lee este articulo de la bloguear mayor,se embullará a buscar en las gabetas a ver si encuentra algo que lo ayude a salir del caos. Valla, valla, que mensaje tan subliminal y tan propio de un ente creado para ello.
Saludos,
Esperanza

Zoé Valdés dijo...

Bah, otro artículo plagiado... que sólo incita a salir echando, que es a lo que ella hace como que aspira... David, todo es un juego, dicho está en el documental que colgué hoy de los tres italianos, con ella como personajaza principal. Qué fiasco con esta mujer. Yo siempre tan confiada.

Esperanza E. Serrano dijo...

David, el comentario 1 se me fue sin rectificar
Debí escribir:latón, gaveta, y Vaya, vaya. 3 faltas en un comentario tan breve es imperdonable,
I´m sorry
Espe

PEDRO ALBERTO ASSEF dijo...

NO TE PREOCUPES ESPERANZA, NI DAVID NI ZOE TAMPOCO SABEN ESCRIBIR MUY BIEN QUE DIGAMOS Y NO SE HAN MUERTO. ADEMAS PARA VERTER TANTO VENENO, ENVIDIA Y FRUSTRACION NO SE NECESITA BUENA ORTOGRAFIA.

ELIO dijo...

Me encanta el apellido del senor Pedro Alberto "ASS"ef

Chiquitamala dijo...

no me oblgues a leer mas esas porquerias, David; Y periodista no es, que respeten el titutlo que se gana tras cinco años de estudios.

besos

Anónimo dijo...

David, alguien ha vuelto a utilizar mi nombre para escribir un comentario desagradable, esta vez en tu blog. Yo soy Pedro Alberto Assef Hernández, y no recuerdo haber entrado nunca a este sitio a escribir ningún juicio. Además, no escribo en mayúsculas para poder acentuar todas las palabras. Diculpa, en mi nombre, la bastardía de los otros, que esconden su valor en las sombras. Saludos, Assef. labellezaescomun@yahoo.es