jueves, 1 de julio de 2010

ROLANDO MORELLI - ¿Martirologio o complicidad? Las engañifas de una Fe de conveniencia

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Desiree Dolron, Libreria Julio Mella© Desiree Dolron, Libreria Julio Mella

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¿Martirologio o complicidad? Las engañifas de una Fe de conveniencia.

(Respuesta a Miriam Leyva, otra vez)

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Rolando D. H. Morelli, Ph. D.

Philadelphia, Pa.

Escritor cubano, investigador literario, editor y profesor universitario

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Más vale tarde que nunca —al menos en una cuestión como ésta de responder al artículo de la señora Miriam Leyva quien recientemente escribía acerca del papel que ha tocado jugar a los capitostes de la iglesia católica cubana con el cardenal Ortega a la cabeza, respecto a un presunto diálogo con la tiranía dinástica de los hermanos Castro, y a favor de un entendimiento nacional—. La señora Leyva comienza por situar la que describe como una verdadera novedad, es decir la intervención o “mediación” de la iglesia, entiéndase así) en el contexto del asesinato (no simplemente “el fallecimiento”, como escribe) de Orlando Zapata Tamayo y la represión contra las Damas de blanco y la posición de la Unión Europea respecto a la tiranía cubana. Ello le sirve a la observadora para determinar que surgió así “una posibilidad totalmente única al pronunciarse la Iglesia Católica Cubana sobre la necesidad de procurar solución a la crisis política, económica y social existente en el país cuando el cardenal Jaime Ortega expresó (…) que existe un consenso nacional sobre la necesidad de cambios y sobre todo al dirigirse al gobierno para procurar una solución a la huelga de hambre de Guillermo Fariñas, el descomunal; hostigamiento a las Damas de Blanco y la necesidad de liberar a los prisioneros de conciencia y políticos [¿!]”.

Seguidamente, apunta con gran optimismo la articulista que con ello se han logrado progresos tales como “acercar” a los presos a los lugares donde residían originalmente antes de ser encarcelados, y en otros casos internarlos en “centros de internamiento” —no en cárceles simple y llanamente hablando— “algo más humanos”. ¿Es que puede haber en Cuba centros carcelarios donde “la humanidad” del tratamiento que reciben los presos pueda alcanzar tal distinción? Al parecer, según lo sugerido por la señora Leyva, sí. Ariel Sigler Amaya, continúa la relación de bienaventuranzas que nos ofrece la comentarista, “en muy precario estado de salud, recibió licencia extrapenal”. Claro que aún quedan 52 en las mismas cárceles en que se hallaban al momento de escribir la reportera, como ella misma observa, “la mayoría con la salud muy deteriorada, incluidos los más jóvenes. Se estima que existen unos 150 prisioneros políticos pacíficos más”.

Estos son los parches antes de que se note la postema, o más bien el ubicuo dedito con que se intenta poner sal en la llaga o tapar el sol que todo lo ilumina. El siguiente párrafo refulge a fuerza de fosforazos que son a la vez fuegos fatuos.

“En el curso de la historia” —sienta cátedra (¿será la de San Pedro?) nuestra ilustre corresponsal— “cuando se ha llevado a cabo una negociación, se ha hecho un alto en la confrontación por todas las partes. No se trata de renunciar a los principios, sino de facilitar el logro de resultados. Siempre han existido sectores adversos a la flexibilidad y aferrados a sus intereses particulares. En Cuba, después de 51 años de animosidad, la desconfianza y el arraigo al pasado son muy fuertes. Pero más lamentable aún son los improperios lanzados y el cuestionamiento contra una institución tan seria como la Iglesia Católica Cubana y todos aquellos que apoyen sus gestiones” —concluye con una sola tirada a fondo esta Quijote con faldas desde La Habana, rompiendo todas las lanzas que hagan falta por una iglesia que pese a haber demostrado en más de una ocasión su inoperancia y su entrega a la oligarquía cubana de los Castro, la señora Leyva no vacila en considerar “una institución tan seria” que parecería no tener igual en su seriedad. ¡Con la iglesia hemos dado, Sancho!, que muy bien diría el Quijote en otro contexto más apropiado al comentario.

“La convicción de que se procura lo mejor para la Patria y el pueblo cubano”, prosigue Miriam Leyva en su defensa a ultranza del actual cardenalato y la cúpula eclesial cubana, “sin obnubilación, permite soportar las incomprensiones y vituperios, los mismos que en muchas ocasiones han sido utilizados por las autoridades para denostar a los pacíficos e indefensos integrantes de la sociedad civil, acusando de mercenarios, pagados desde el exterior; falsedades que podrían comprobarse con sólo procurar un poco de información. Algunos de quienes disfrutan de la democracia en el exterior no dan muestra de ser capaces de poder utilizarla allí adecuadamente, y por tanto, no sabrán ejercerla cuando se comience a extender en Cuba”.

Dejemos de lado todas esas afirmaciones que involucran a la Patria y al pueblo cubano cuya defensa ahora, de repente, parecería asumir la iglesia católica en la figura de sus máximos representantes, y el supuesto martirologio a que se somete a esa jerarquía eclesial desde el exterior mediante las críticas a su labor y servicio a favor —¿a quienes conseguirán engañar si no a sí mismos?— de la dictadura cuyas castañas procuran sacar del fuego a cambio de pequeños privilegios y espacios contaminados. Tal parece que una nueva hagiografía de la iglesia católica cubana, y del cardenal Ortega, a cargo de la señora Leyva, esté a punto de escribirse. A los críticos con la política de apaciguamiento y complicidad de la iglesia, procedentes del exterior, los compara Leyva, sin pelos en la lengua, con quienes desde posiciones oficiales dentro de Cuba acusan a los disidentes de ser “mercenarios pagados” por el enemigo. Apena que el sistema “educativo” cubano haya calado tanto aún en personas que se dicen disidentes, pero que no consiguen pensar sino en tandas como enseña la propaganda oficial. Apena Miriam Leyva y su lógica a la vez simplista y enrevesada. ¿En qué consistiría, según la articulista “ser capaces de poder utilizar [la democracia] adecuadamente” quienes “disfrutan de la democracia en el exterior”? ¿En no someter a escrutinio la actitud y la conducta de la iglesia católica cubana, y de su jerarquía cuando se tiene a la mano información de la que muy posiblemente carece la señora Leyva al fundar sus opiniones? La democracia, señora Leyva, es precisamente escrutinio libre y libertad de opinión y discusión, entre otras cosas. De ahí que no deba usted temer al ejercicio de esa libertad en llegado el momento de hacerlo en nuestra patria. Preocupa, sin embargo, que usted hable de “cuando se comience a extender en Cuba” como si más que una conquista que ha de llegar sin dudas, se tratara de una mala yerba cuyas semillas prenden y se extienden irremediablemente. No tema, señora, hasta para los disidentes de esa libertad deberá haber libertad acordada y garantizada de pleno derecho. Si es al alcance de las ideas y los razonamientos a los que teme, ya ése es otro asunto.

La siguiente parrafada no vale la pena, verdaderamente, de ser comentada. Se descalifica por su propia obviedad y sinsentido a partes iguales: “Dentro del archipiélago es fundamental procurar condiciones para el avance de las gestiones de la Iglesia Católica. No se es ingenuo, pues se saben los obstáculos procedentes de sectores inmovilistas con gran posibilidad de decisión dentro del gobierno. Pero hoy Cuba es más diversa y demanda la participación de todos los cubanos”.

Y ya para concluir su artículo con un remache de clavo ardiente o ardoroso, nos advierte la señora Leyva como si anunciara un Apocalipsis de benigna continencia, que “la actual decisión de la Unión Europea [de no hacer concesiones de inmediato a la tiranía] no puede verse aislada [pues] desde hace meses se aprecia un amplio movimiento entre los gobiernos, que incluye posibles coordinaciones con Estados Unidos y algunos países de Latinoamérica. La involucración (sic) del Papa no debe tomarse a la ligera. Aunque la Iglesia Católica Cubana es el negociador principal, evidentemente cuenta con el poderoso apoyo del Vaticano. ¿Acaso los cubanos de aquí y de allá, donde quiera que nos encontremos, no vemos el horizonte?”

Lo más significativo de estas declaraciones no tienen que ver con “la involucración” del Papa sino precisamente con ese papelito protagónico momentáneo asignado y permitido a la iglesia católica cubana y al cardenal Ortega —a quien se envía igualmente a Washington D.C. de tapadillo para que intente influir sobre la administración norteamericana y su política oficial de embargo económico contra la tiranía—, sirviendo así a la vez a dos señores, a Dios y al diablo, que no es lo mismo que dar a Dios lo que es de Dios y al César lo que le corresponde. En efecto, el cardenal Ortega y la iglesia católica de Cuba —eso de cubana es harina de otro costal y queda para los católicos como Payá Sardiñas y muchos otros sacerdotes y laicos por igual que sí luchan por Cuba y por la libertad de los cubanos— son de momento “el negociador principal” en el curso de esta nueva farsa, como ya antes lo fueron en el instante apropiado. Los cubanos de aquí, de allá y de acullá sí vemos el horizonte por el que Miriam Leyva clama con las manos a la cabeza —imaginamos—, pero asimismo no perdemos de vista que el horizonte es una línea que convencionalmente separa el Cielo de la tierra y más vale no perder de vista esta verdad monda y lironda.

© Rolando D. H. Morelli

3 comentarios:

Chiquitamala dijo...

Papa, papilla, papota, papada, papujada... y no te digo de que la hicieron o la hacen... es una mala palabra.

Besos David, estoy refrescando el cerebro, te leo desde que me escapo y encuentro pc...

ya no solo "para- periodistas" ; "para- politologos" y "polis" y "to" y los "logos" juntos, todos a la mierda.

Me ha dado mucha pena, y rabia lo del embargo de las cuatro muelas. Mucha tristeza contigo, Zoe, Guille y el grupito -somos solo un grupito, pero en el creo-que no se ha cansado de decir verdades, qué estercolero, mon D. ieu.

José Ramón Morales dijo...

Hola David:
Gracias por visitar el Blog Cuba Española, claro que puedes poner un link al artículo de los gallegos en Cuba y me encantaría ver las fotos que tires en Cuba. Un abrazo y feliz viaje.

David Lago González dijo...

No, José Ramón, la aldea está en Galicia. A Cuba NO regreso ni en cenizas.