domingo, 22 de mayo de 2011

Voté

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Emily Roz. Gazelle with Poppies, 2008. Colored pencil on paper, 22 x 30.

Emily Roz. Gazelle with Poppies, 2008. Colored pencil on paper, 22 x 30.

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Voté

Voté. Esta mañana, tempranico. A pesar de que no existe mucha ilusión en el ambiente y de que estas elecciones son solo unas municipales. Las propuestas a ese nivel son tan pobres que se quedan en ridículas: un carril bici de no sé cuántos kilómetros, subvención del metro-bus a los parados, un te-te impregnado en adormidera para pasar medio lelo el tiempo que falta hasta las presidenciales. La verdad es que, al menos en las grandes ciudades, nadie ha hecho campaña “municipal”: los líderes de cada partido se han apoderado de ellas para ensayar la nacional y todo se ha basado en el ataque mutuo de los dos grandes partidos mayoritarios y el oportunismo de los comunistas por rentabilizar la indescifrable revuelta de La Indignación como si ellos también estuvieran indignados (en todo caso, por no haber llegado nunca al poder).

Pero, aparte de eso, voté. Poca gente a esa hora de la mañana. Un perrito faldero que ladraba y ladraba a su dueño mientras éste “cumplía con su deber”, y al perro le importaba un pito (de perro) y lo único que quería era reclamar su atención. ¡Son tan molestos los perros cuando se ponen en ese plan! De pronto se parecen demasiado a las personas…

Luego, vine subiendo por toda la Ribera de Curtidores. Los vendedores del Rastro montaban todavía sus timbiriches. La mañana, agradablemente fresca. Ni me di cuenta que estaba subiendo la molesta cuesta de esa calle por donde deslizaban las reses muertas desde el matadero hasta que ya estaba en la Plaza de Cascorro. De ahí el nombre de El Rastro, el rastro que dejaba la sangre. Bueno, pues yo iba sangre arriba deteniéndome a ver las cositas de los puestos y sin poder hacer uso de ninguno de mis dineros, pues toda mi fortuna estaba reservada para comprarme el periódico y desayunar en Wooster. No sé cómo voy a sobrevivir en las próximas semanas, pero, en fin, como decía mi amiga Isora: “Dios proveerá”. ¿Qué habrá sido de mi amiga Isora…?

Ayer quería desmontar la lámpara del salón para vendérsela a algún anticuario, pero después pensé en la vergüenza de tener que someterme a la inhumana implacabilidad de esos señores que se creen “finos” por estar entre cachivaches del siglo XIX, y desistí. Fugazmente pensé también a ponerme a vender ejemplares de La Resaca del Absurdo sentado en un discreto banco (horripilante de la muerte, de la muerte de Gallardón, que es El Terror de los Parques Madrileños), cautelosamente apartado de la morralla de la extrema izquierda que cada domingo acampa allí (Cuba y Venezuela también, por supuesto) (y ETA por lo bajini), pero fugazmente la idea “se me fue de entre las manos” (que era un leit-motiv que tenía Nikitina Joplin para divertirnos en las demoledoramente aburridas tardes dominicales camagüeyanas). Así que nada.

Pero desde hace un rato hasta ahora que lo escribo, he estado percatándome de que me sentía feliz (remitirse a la cita de Kerouac más abajo, en otra entrada). Voté. Eso forma parte del “hombre nuevo”, no como lo pensaba el Che (si en realidad tenía algo concreto en su cabeza al respecto como no fueran los héroes de hojalata de los Estudios Mosfilm, que eran una variante proletaria de todos los personajes de comic: Superman, Batman, Marvilla, todos esos, hasta el Ratoncito Miguel), sino no sé, quizás de una forma bastante más natural. Y en esa reconstrucción que comenzó el día en que salí de Cuba forma un importante papel mi primer amante en Madrid, Ángel del Río Hornos, que en paz descanse entre la estrella de David y la cruz de Cristo y en la retorcida personalidad que tenía y que tanto daño me ha dejado para siempre. Pero, de cualquier forma, nunca olvidaré agradecerle lo suficiente que su presencia y esencia nos ayudó, tanto a mi madre como a mí, a volver a convertirnos en personas, sobre todo a mí, que era uno de esos guiñapos que suelen expeler regímenes totalitarios como el comunismo.

© 2011 David Lago González

3 comentarios:

El Tinajón dijo...

Cuanto de tristeza persivo en éste post David. Un abrazo.
O soy yo el triste?.

David Lago González dijo...

No sé, Luis. Bueno, quizás las sensaciones ya no son limpias, o sale todo mezclado. Inútil votar, pero reconfortante poder hacerlo.

Lamanga dijo...

Si, es descarnada y triste, o como dice Luis, quizas yo también lo este porque te vi en esos parajes meditando, hablando con tus demonios.Y ese ciervo de la grafica, para qué contarte, nada, Madrid.

Te quiero.