martes, 14 de octubre de 2008

La amistad nunca es serena (para Carlos)

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CHET BAKER'S UNSUNG SWAN SONG

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My old addiction
Changed the wiring in my brain
So that when it turns the switches
Then I am not the same
So like the flowers toward the Sun
I will follow
Stretch myself out thin
Like there's a part of me that's already buried
That sends me out into this window

My old addiction
Is a flood upon the land
This tiny lifeboat
Can keep me dry
But my weight is all
That it can stand
So when I try to lean just a little
For just a splash to cool my face
Ahh that trickle
Turns out fickle
Fills my boat up
Five miles deep

My old addiction
Makes me crave only what is best
Like these just this morning song birds
Craving upward from the nest
These tiny birds outside my window
Take my hand to be their mom
These open mouths
Would trust and swallow
Anything that came along

Like my old addiction
Now the other side of Day
As the springtime
Of my life's time
Turn's the other way
If a swan can have a song
I think I know that tune
But the page is only scrawled
And I am gone this afternoon
But the page is only scrawled
And I am gone this afternoon
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© David Wilcox, all rights reserved.

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Sé que Carlos murió el 12 de octubre del año pasado. Verdaderamente peor día no pudo escoger, pues para una persona nacida en Cuba, morir en tal fecha, tan cercana al día 10 y bajo el sello de la Hispanidad, le proporciona todas las papeletas posibles para que la miríada de mediocres le adjudiquen estandartes de patriotismo y lengua. Por suerte, parece ser que sólo se acordó de él José Abreu Felippe, que le dedicó un sencillo pero sentido homenaje en las páginas del nuevo heraldo (me consta que ellos son amigos de Miami, a partir de la llegada de Abreu a la Ciudad del Rayo de Sol). Yo temí una avalancha de repeticiones de toda la basura que se ha escrito sobre él, incluyendo ésa que no puedo olvidar de Manuel Díaz Martínez —creo que ése es su nombre, soy malo para ellos— diciendo algo así como que había entrado en el lugar de Los Grandes —y nombraba a Jesús Díaz—. No comments, please.

Algunas personas tenemos varias vidas, y algunas personas las mezclan o no. Los amigos de “antes” de Carlos, de Camagüey y Santiago, siempre que leemos algo sobre él, quedamos con la sensación de que antes de Miami Lakes no hubo casa ni vida posible, y que Carlos nació el día en que, con Estrella Victoria Olivera, puso pie en Key West o en el momento en que coincidió con Reinaldo Arenas y con Guillermo Rosales, y entre aquel bochornoso premiecito innombrable del Caimán Barbudo —del que nos reíamos todos e incluso utilizábamos en su contra cuando queríamos forzarlo a algo o burlarnos de él— y la generación Mariel sólo estaba La Nada, pero esa nada estaba también llena de amebas, gusanos y otros gusarapos insignificantes que formaban parte de su vida como él de la nuestra. En fin, era un ser normal y por normal quiero decir humano. Recuerdo que Emilia siempre decía que quería tener un hijo como Carlos.

Yo también, como él, dejé de escribir cartas. No sé si por fin Roselia —su tía y madre de crianza— llegó a cobrar el dinero que él le dejó en un seguro, recurrido por su respetable viuda. No sé tampoco si ya Truca Pérez terminó el degradante garage-sale al que nunca debió brindarse, aun cuando estoy juzgando sin conocimiento total de causa.

En fin, that’s the way it is.

Siempre me viene a la mente la frase de una aristócrata francesa, cuyo nombre no recuerdo: “la amistad nunca es serena".  Le dejo a Carlos esta canción de David Wilcox, cuya letra es un hermosísimo y desgarrador poema. Lo hago por los desgarradores y hermosos momentos de serenidad y violencia de nuestra amistad, y me hago portavoz de los que existimos antes y después de.

© David Lago González, 2008.

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3 comentarios:

Anónimo dijo...

Todo es muy cierto.

KuKa

papelbit dijo...

Hola David¡
La tristeza salpica a estas palabras y contagia. Hasta siento por el Carlos que no conocí.
Un abrazo¡
Amaury.

David Lago González dijo...

Gracias, Kuka.
Gracias, Amaury.