domingo, 30 de noviembre de 2008

Moleskine (6)

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I HAVE A DREAM

 

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 Muchas veces, echando la vista atrás, con más exactitud la vista interior, he dicho que no he tenido sueños. 

Durante los '60 y creo que más exactamente la primera mitad de los '70, mantuve una recia disciplina al poner mi cabeza sobre la almohada y disponerme a dormir.  En mi mesilla tenía un viejo aparato de radio, de plástico negro, que encendía y lo dejaba encendido toda la noche, todas las noches.  Naturalmente no escuchaba Radio Reloj ni un discurso de Fidel, cosa que nunca me di el lujo de oír. O bien la WQAM o la WGBS, que en Camagüey se podían escuchar mejor que Radio Cadena Agramonte, me acompañaban, muy bajito, muy bajito, hasta la mañana siguiente.  La otra parte de "la disciplina" consistía en forzarme a imaginar que vivía en Estados Unidos y, por supuesto, no en Miami, ciudad a la que en teoría odiaba por su cualidad de ghetto.  Yo vivía como por California.  Algunas veces en New York.  Pero la verdad era que aquella disciplina continuamente se desviaba y se concentraba en verme a mí mismo como desde una cámara en suspensión, bajando (o subiendo, sabrá Dios) por una interestatal desde Pasadena a San Diego, conduciendo yo un pequeño coche descapotable y totalmente hecho polvo, llorando, sollozando, moqueando, porque había roto con un gran amor o, más exactamente, el gran amor me había abandonado a mí, lo cual me convertía en una especie de perro apaleado al volante, destruido, deshecho, pero siempre en busca de una nueva vida.  (Tal vez el quid del sueño como tal era esto último.)

Como nunca he estado en Pasadena ni en San Diego no sé por qué misteriosa obsesión se me aparecían siempre como puntos de partida y llegada.  Quizás algún día vaya por allí y solucione la ecuación.  En realidad, esto era un secreto tal que es la primera vez que lo hago público.  Sentía una tremenda vergüenza, ahora me da lo mismo.  La parte que nunca abandoné fue la de dormirme con música (norteamericana, por supuesto; cubana, ni muerto), costumbre que practico todavía de vez en cuando.

Pero yo creo que eso no es lo que tanta gente llama "tener un sueño", "mi sueño es...", "de niño, yo soñaba con...", "de joven, yo soñaba con..." o "mis sueños de juventud".  O "luchar por tus sueños", frase que ya me suena más cercana a lo político y lo ideológico --"Ietattura per tuo cuore!" y apunto con los dedos índice y meñique como una donna siciliana--.

Las cosas cambian, quizás, y ahora, al cabo del tiempo, sueño con algo muy concreto: ganarme una lotería lo suficientemente gorda como para no importarme perder dinero creando una editorial en la que pueda publicar a quien se me ocurra sin que los poetas y creadores (que viene de "crear" y no de "creer") tengan que abonar ese eufemístico y oneroso impuesto editorial (o choricero, da igual) llamado "financiación".

 

(C) 2008 David Lago González

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sábado, 29 de noviembre de 2008

Quotes -- QP

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Wonder Woman for President

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Un local es un lugar lleno de locas, pero un "¿qué tal?" es un lugar lleno de quetas.

 

Queta Pando

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jueves, 27 de noviembre de 2008

READER DIGEST’S SELECTIONS - Mi personaje inolvidable (2)

 

El Capitán Fidel Pérez.

El Capitán Fidel Pérez fue asignado como director de la Empresa de Construcción de Presas con el objetivo de sustituir al jefe anterior, de apellido Contreras y también castrense, y posiblemente con el encargo de investigar, controlar y eliminar la corruptela existente entre los altos cargos, de forma que durante cierto tiempo tuvimos una cierta saturación de mandos.

Esto debe haber sucedido alrededor del año 1975. Por entonces yo había sido designado pomposamente como Jefe de Planificación de Proyectos de la Construcción, jefatura por la cual no cobraba absolutamente nada pues éstas se consideraban como motivo de honor para el elegido (que, en este caso, era yo). Había sustituido a un señor entrañable, de apellido San Gabino, que había sido alcalde de Sibanicú (creo recordar) y del que aprendí a trabajar con una meticulosidad de orfebre, imitando a mano los caracteres tipográficos Underwood y repitiendo informes que casi eran una obra de arte. La realidad, pura y dura, es que yo no planificaba ni proyectaba nada en lo absoluto (de hecho, la gestión era piramidal, como toda la estructura empresarial comunista), y me limitaba a anotar estadísticamente el desarrollo de distintas obras, ajustar los gastos desorbitantes a algo parecido a una programación cada cierto tiempo, bajo indicación directa del ingeniero de obras; realizar informes semanales, quincenales y mensuales que absolutamente nadie veía ni tomaba en cuenta pues todos los interesados participaban activamente en la mentira y se aprovechaban de ella; y, finalmente, cada cierre de mes viajar a la sede nacional en La Habana llevando en mano aquellos valiosos datos para evitar que el enemigo —ese imperialismo yanqui escondido detrás de cualquier antifaz imaginado— no se hiciera con aquellas cifras secretas. Esto último era la mejor parte del trabajo, ya que me permitía pasar un fin de semana con amigos y familiares, hospedarme en el Hotel Colina (máxima aspiración para un dirigente administrativo de tan poca relevancia), saborear la crema de queso del restaurante El Conejito y tomar un paseo por el lado salvaje de la vida de los bares patibularios del puerto —sí, cada cual tiene su droga, su Alice in Wonderland.

Pero llegó “nuestro hombre en Camagüey” y las cosas cambiaron. Creo que por una simple identificación natural, el capitán Fidel Pérez y yo compaginamos como dos gotas de agua. Mi trabajo comenzó a ser tomado en cuenta, incluso en mayor consideración que las justificaciones del ingeniero y demás mandos, y sin darme cuenta fui convirtiéndome en su hombre de confianza. No podía imaginar entonces los serios problemas que aquella deferencia me traería posteriormente. Intrigado por la empatía, una tarde me colé en el departamento de personal, husmeé en su expediente laboral y me llamó la atención comprobar que era egresado de la Escuela de San Alejandro. ¿Qué hacía este hombre entre palurdos militares?

Es bueno sentirse útil y así comenzó para mí una fructífera y satisfactoria etapa laboral en la que sentía que trabajaba por algo. Indiscutiblemente, al mismo tiempo iba acumulando toda una miasma ponzoñosa alrededor mío. Pero yo era feliz trabajando muchas veces hasta las once de la noche y sábados porque mis números servían para controlar el desvío de camiones de áridos, de toneladas de cemento y materiales de construcción, madera para el encofrado y cementeras y concreteras que se utilizaban en la construcción ilegal de viviendas particulares.

Por su parte, el capitán Pérez continuaba con su investigación. La camarilla que había sido causa de su entrada en la empresa estaba formada por el director, un militar —ya dije— de apellido Contreras, déspota y prepotente, que no se dignaba saludar a ninguno de los trabajadores y usaba un sombrero Stetson y los bajos de los pantalones metidos en sus botas, algunas veces botas de campaña, altas, que llegaban casi a las rodillas, reciamente enlazadas (las que iban a media pantorrilla por lo general mostraban sus lazos no abrochados del todo —que la empleomanía lectora recuerde que fue una “imagen” de dirigente típico altamente repetida por esa época). Por supuesto, qué es un hombre de este tipo sin una pistola: la suya colgaba siempre con cierta desgana del cinturón a la altura de la cadera. Otro miembro despreciable de aquella camarilla que puedo recordar era un tal Enriquito que vivía en mi barrio y había cumplido prisión por intento de salida ilegal del país. Como en aquel tiempo no se llevaba lo del periodismo independiente, decidió todo lo contrario y logró hacerse con la jefatura de Abastecimiento, cargo clave y poderoso. Había otros cuantos más, pero recuerdo con sumo desagrado y prácticamente con asco a un ser creo que llamado Héctor, cuya función imagino que era la de informar a todos los niveles y tenía la facultad de sobrevivir a todas las camarillas y defenestraciones. El director de la sede provincial a la que pertenecía la empresa era conocido familiarmente por el diminutivo de su nombre: Robertico, Robertico el del DAP (Desarrollo Agropecuario del País).

Recuerdo que mi héroe revolucionario me transmitía una gran dosis de honestidad, y también de dolida impotencia ante las cosas que iba descubriendo y que todavía él suponía que podía eliminar quizás. Una tarde, sentados en su jeep, me dijo: “David, sé tanto, tanto, sobre estos hijoeputas que podría meterlos en la cárcel para toda la vida.” Pero pocos días después, “Robertico” mandó a parar todas las investigaciones que estaba haciendo, así, sin más, y sin otra consecuencia que el traslado inmediato del capitán Fidel Pérez a la dirección de un departamento medio perteneciente al DESA. La camarilla siguió impune por alguna parte de la isla de corcho. El que era vecino mío años después salió por El Mariel. Quizás el resto también “hace patria” desde Maiami.

Para sustituir a mi pequeño héroe de la honestidad mandaron otro diminutivo, de apellido y tamaño, que respondía por el nombre de “Leoncito”. Caetano Veloso tiene una vieja y hermosa canción llamada “Leoncinho”, pero éste más bien se asemejaba al Vladimir Putin que por entonces no sabíamos que existía. En fin, otra historia que casi me cuesta la cárcel.

© 2008 David Lago González.

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martes, 4 de noviembre de 2008

Ballagas y yo -- Antonio Desquirón Oliva

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PORTADA eMILIO bALLAGAS

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1

Cuando la profesora Cué me invitó a escribir estas líneas, dudé. Le dije que sí, pero en realidad dudé. Un elogio de Emilio Ballagas, muy bien, pero, después de lo mucho que se ha escrito y dicho sobre él, ¿qué agregar? ¿Afirmar que conozco sus libros, la transparencia de sus versos, la alegría de su impulso? ¿Repetir lo mismo? Poco académico y muy distraído como soy, todo ello me parece un delirio que oscila entre lo risible y lo aburrido. Por otra parte, después de Vitier, después de Virgilio, después de tantos y tantos ensayistas han escrito en pro y en contra, después de tantas personas que conocen al dedillo la obra del poeta y lo han demostrado; incluso, después de que amigos y conocidos de su juventud –que suele ser la etapa más turbulenta de la vida- han sido entrevistados u hoy día cuentan sus anécdotas con orgullo y cierta entonación confesional. Después de tanta gente, queda poco o nada que hacer. Incluso, en 1954, cuando Ballagas murió, yo era un niño: imposible “ser testimonial” y decir que compartí sus espacios o sus amistades Más tarde, pensándolo mejor, llegué a la conclusión de que es imposible que un poeta cubano, de mi edad, provinciano, y que –sea dicho sin ánimo de comparar- comparte con el camagüeyano tantos horizontes y caminos, carezca absolutamente de algo que decir, si no nuevo, al menos atendible.

Es verdad que la mayor parte de la vida de Emilio transcurrió en la primera mitad del siglo XX, antes de tantos inventos que transformaran el mundo; yo, en cambio, fui niño dentro de un universo de televisión, aviones jet, pinturas de vinyl y rositas de maíz; él en una república antillana sometida a políticos que chupaban la riqueza de la tierra y la gente, yo en medio de una insurrección y después en una revolución de vocación socialista, gracias a la que el pueblo eligió un camino áspero, sacrificado y rudo, diferente completamente a los versos del Poeta. Muchísimo ha cambiado Cuba y muchísimo ha sido escrito; pero no tanto como para que Emilio Ballagas solamente sea un nombre. Su mundo no se ha borrado del todo. Camagüey y Santa Clara no son Ítaca e Ilión. Nuestras realidades mantienen en común lo suficiente en lo cotidiano como para que sus versos sigan resonando con inquietante cercanía.

2.

Existen escritores de quienes aprendemos su existencia dentro del aula, por el comentario o la curiosidad; en cambio existen otros cuya obra ha formado parte de nuestras vidas desde hace mucho, y siguen ahí, sin que puedan borrarse y no hacerlo con nosotros mismos. Se parecen a pasiones que una vez vivimos.

Alrededor de 1964, la profesora Josefina Farré dirigía el coro de la Catedral de Santiago de Cuba, donde yo cantaba. Fue entonces que el primer poema de Emilio Ballagas entró en mi vida: el santiaguero Harold Gratmatges había musicalizado la Nana de Enero (Lucerito en pañales, cariño mío…), poema escrito en 1948, bajo la forma de un hermoso villancico que ese año cantamos en las solemnidades navideñas. Hubo otras canciones de cuna españolas, rusas, incluso latinas: a ellas no las recuerdo, la de Ballagas, sí. Por supuesto que no hay que exagerar: me gustó la canción y la hice mía, pero el nombre del Poeta fue solamente un dato escrito a máquina junto a la letra del villancico, nada más.

En la segunda mitad de los ’60 se publicó la Órbita de Emilio Ballagas, el libro que me lo reveló en su estatura de escritor, aunque no de ser humano. Hojeando la Órbita… hallé la Nana, y la identifiqué. Casi sin darme cuenta me hice un conocedor de la poesía de Ballagas: me entusiasmaba su alegría, su limpieza, el mundo transparente que proponía. Meses más tarde comencé a estudiar la carrera de Letras en la Universidad habanera; por esos años el Consejo Nacional de Cultura publicaba unos cuadernillos sobre escritores célebres que estaban a cargo de una compañera de estudios. Uno iba al Palacio del Segundo Cabo, la buscaba, ella te presentaba un largo listado y tú escogías sobre quién ibas a escribir. Escogí a Ballagas y a Casal. Pagaban cuarenta pesos, que entonces era mucho dinero. Meses después, llegué a ver en librería mi humildísimo cuaderno ballaguiano publicado en papel gaceta –entonces los textos tardaban mucho menos en las editoriales: se hacían o no se hacían, aunque imagino que desde hace años toda aquella serie debe de haberse convertido en materia prima.

Ballagas despertó en mi la curiosidad por la literatura cubana, cuya génesis y estructura se aviene como anillo al dedo a mis realidades internas: sus vertientes reflexiva y social son dos cubiertas del enorme trasatlántico que la navega todo el tiempo. Además, no es lo mismo llegar a saber algo por urgencia de la curiosidad que hacerlo —y dicho sea con todo respeto— gracias a obligaciones escolares. Unas, casi sin querer, otras, como impuestas: ojalá Homero y Dante sigan adheridos a mi corazón con la misma trabazón con que los implantó mi profesora.

Aquellos años del 67 y 68 marcaron para mi las cotas más altas en el aprecio de Ballagas. De entonces guardo en la memoria su Poema de la ele:

Dulce glu glú de la ele

Ele, espiral del glu glú.

En glorígloro aletear,

Palma, clarín, ola, abril.

(Júbilo y Fuga, 1931)

A través del mismo se me impone la imagen de Mirtha Aguirre, que lo extrajo de mi no saber para ejemplificar la jitanfáfora en su curso de Redacción y Composición. Se podría aducir que en definitiva Ballagas terminó apareciendo en un programa de estudios, sólo que aquella maestra, como el ser del la teoría lezamiana, al encender un bombillo en La Habana, había inaugurado una catarata en Ontario. Vale decir, que al invocarlo, una presencia más —la fascinación del Poeta por lo simple y gratuito— se había manifestado sobre la mesa espírita que era entonces mi inexperiencia de lector.

Fueron los años de mis grandes caminatas por la Habana Vieja. La fiebre de la Arquitectura Cubana. Necesitaba verlo todo: viviendas, fortalezas, templos, mediopuntos, hierros. ¿Será de entonces que procede en mi —en mi, repito, no en Ballagas— el soneto Fuente colonial, evocado siempre frente a cualquier surtidor, lo mismo el de la India Habana, al principio (¿o al final?) del Prado capitalino, la multileonada de Plaza de Santa Francisco, o las oscuros estanques llenos de peces anaranjados del coronel mambí Dubois, justo al lado de casa.

No lloréis más, delfines de la fuente,

Sobre la taza gris de piedra vieja.

No mojéis más del musgo la madeja

Oscura, verdinegra y persistente.

Haced de cauda y cauda sonriente

La agraciada corola en que el sol deja

La última gota de su miel bermeja

Cuando se acuesta herido en el poniente.

Dejad a los golosos pececillos

Apresurar doradas cabriolas

O dibujar efímeros anillos.

Y a las estrellas reflejadas no las

Borréis cuando traducen de los grillos

El coro en mudas, luminosas violas.

……………… Cielo en rehenes, 1951.

3.

Al menos dos zonas de la obra de Ballagas de cierta forma resultan inesperadas, la negrista y la referida a la Virgen de la Caridad. Claro que alguien como él, especialmente imantado por la sensualidad y el fervor parece como hecho de encargo para ambas. Hijas de la contradicción básica de toda la vida de Ballagas, se enraízan en las antípodas de lo que ha sido su mundo de vacíos, blancuras, inocencia y alegría infundada. Claro que me resulta inútil, por lo evidente y enojoso, tratar de penetrar por qué o en qué circunstancias Ballagas se sintió llamado a ello. Cortando por lo sano, lo hizo porque quiso y basta. Creo que nada más los vegetales dan frutas de una sola clase. Veo esa etapa, más como una necesidad conciente de ponerse a tono con la realidad objetiva de su país, que como una expresión necesaria realmente íntima. Muchas de las piezas del Cuaderno de Poesía Negra (1934) exhiben una retórica afectada completamente diferente del estilo personal de Ballagas:

…………………………

Fui domando desde la niñez

El ardor de tu clima como un potro bravío.

Ahora el potro bravío me lame las manos

Y quiere amansarme en el vaivén cariñoso de la hamaca.

…………………………

Cuba, poesía. En Cuaderno de poesía negra (1934)

……………………….

Se asoman los muertos del cañaveral.

En la noche se oyen cadenas rodar.

Rebrilla el relámpago como una navaja

Que a la noche conga la carne le raja.

Cencerros y grillos, güijes y lloronas:

Cadena de ancestros… y… ¡Sube la loma!

…………………………………

Comparsa habanera. En Cuaderno de poesía negra (1934)

Lo anterior no quiere decir que en el Cuaderno…. no existan obras magníficas como Elegía de María Belén Chacón, Para dormir a un negrito y Piano. Sin embargo, nunca antes ni después Ballagas volvió a escribir así. ¿Era solamente porque en 1934 soplaban aires revolucionarios en Cuba y precisamente a partir de ese año que lo nombran Director de la Escuela Normal para Maestros de Santa Clara –en el violento 1933 se había graduado en la Universidad de La Habana y ocupó una cátedra en la Normal santaclareña.

Como no veo clara la inserción íntima de la Poesía negra dentro de la obra ballaguiana creo que en mi comienza aquí la etapa crítica de mi admiración por ese autor.

Con los poemas a la Virgen de la Caridad ocurre algo similar, si bien Ballagas pertenecía a una familia[1] tradicionalmente católica, y la devoción por la Caridad existía en su ciudad natal de larga data. Me cuesta trabajo creer que un hombre arrasado por tal cantidad de contradicciones internas posea la beatitud necesaria para escribirle sonetos a la Virgen. Artistas como Mariano Rodríguez y René Portocarrero, junto a músicos como Harold Gramatges, Julián Orbón, y poetas como los del grupo Orígenes forman un espacio católico y devoto en el arte criollo. Nuestra Señora del Mar, el libro que contiene los poemas a la Caridad, se publica en 1943, el mismo año que René Porocarrero pinta La Crucifixión y El entierro de Cristo, Mariano Rodríguez los mural Descendimiento y Resurrección y Alfredo Lozano realiza el bajorrelieve La Santísima Trinidad para la iglesia de Bauta. [2] Pintores como Carlos Sobrino, Luis Martínez pedro, Amelia Peláez, escultores como López Dirube, Sicre, Lozano y muchos otros hicieron arte sacro, principalmente en La Habana y Santa Clara.

La primera décima -Ofrecimiento del poema

Déjame tomar asiento

En tu preciosa canoa

Y poner al cielo proa

Navegando por el viento

……………………

tiene aire de tonada campesina; mientras que Entrada en la canoa,

¿Qué pie pusiste primero

En la barca temblorosa?

¿Qué huella de austera rosa

marcó con fuego el madero?

¿Tu cuerpo tornó ligero

lo que el peso ya vencía

……………………………

Presenta una María móvil, ligera, casi bailadora. En ambos casos el libro se salva del envaramiento retórico que tradicionalmente inunda los temas religiosos en español. Quizá ello se deba a haberse basado en el Manuscrito del Presbítero Don Onofre de Fonseca, que narra el mito de la aparición en fecha tan temprana como 1703: tal texto conserva mucho de la transculturación indo-afro-europea existente detrás de ese símbolo. Por ejemplo, en La virgen se ausenta del altar durante la noche,

¿De dónde vienes señora

Con la ropa tan mojada?

…………………………………………..

que una conversación llena de gracia entre el ermitaño Matías de Olivera y la imagen, al reproducir la conducta de los cemíes aborígenes especialmente milagrosos, que abandonan de noche sus santuarios para recorrer sus comarcas y regresar a la mañana siguiente mojados de sereno, lluvia o agua de río.

Ciertamente, Ballagas es capaz de construir una visión religiosa original y cálida; sin embargo siento —lamento no poder basar mi afirmación en algo más objetivo— que sus poemas religiosos no provienen ni de una religiosidad consecuente –y por ello alegre y desprejuiciada- sino del sentimiento de culpa que ya se hace patente en Nocturno y Elegía, Elegía tercera, Nocturno, Sabor Eterno (1939), imbuido quizá en la ola religiosa de los ’40 cubanos.

No perderé tiempo hablando de las Décimas de Júbilo Martiano en el Centenario del Apóstol, José Martí, muy bien escritas, pero que nada agregan a su obra.

4.

No debe ser osado ni problemático repetir que Ballagas fue homosexual. En realidad los estudiosos más serios tratan de separar su obra de esa “particularidad”. En la cultura judeocristiana, occidental, con componente hispánica esclavista el homoerotimo es algo grave, vergonzoso y antinatural. Sería aburrido —por evidente— repetir ante un auditorio cubano qué acarrea para un varón una declaración pública de su preferencia por los otros varones. O sea, que lo instintivo y erótico, por trascendente y definitorio, está en la raíz de la vida (y eventual obra) de cualquier “invertido”. Quizá la heterosexualidad sea menos espectacular, preparada como está la sociedad para acogerla; en general se considera lógica y totalmente natural, como el hecho de tener nariz o manos. Para quien desea a los demás varones existe una conducta tradicional y —no faltara más— negativa. Lo anterior no implica la inexistencia del homosexual autor, personaje o temática en la Literatura Cubana. En este sentido, los ensayistas Jesús Jambrina, Joel del Río y otros han mencionado a las novelas El Ángel de Sodoma, de Alfonso Hernández Catá, 1928; Hombres sin Mujer , de Carlos Montenegro, 1938; Paradiso, de José Lezama Lima, 1966. Con respecto a la década 60-70, expresa Jambrina

Me decidí por esta época porque, después de los 60, especialmente después de los sucesos de Stonewall en Nueva York, y a pesar de la falta de visión por parte de la Revolución Cubana con respecto al homosexualismo, este fue un tópico que comenzó a hacerse más frecuente en la globalidad de la cultura nacional, aunque no siempre para comprenderlo. Fue el caso, por ejemplo, de las menciones aparecidas en los libros Condenados del Condado, de Norberto Fuentes o en Los pasos en la hierba, de Eduardo Heras León, donde la fórmula homosexual = débil, fue la más recurrente. Al mismo tiempo están algunos lienzos de Raúl Martínez y casi todos los de Servando Cabrera, en los cuales la celebración del cuerpo masculino alcanza niveles de verdadera exaltación erótica, lo cual seguramente contribuyó a que en 1971, en una cruzada del prejuicio, la homosexualidad  fuera desterrada a las catacumbas de la cultura. [3]

En otro texto, —Ballagas en persona, Revista Ciclón, 1955— Virgilio Piñera no es irónico ni burlón cuando proclama que Emilio se convirtió en un sólido pilar de [aquella][4] sociedad: esposo y padre, profesor de literatura y gramática en Santa Clara y Camagüey, Doctor en Filosofía, director de dos importantes centros de enseñanza, ganador de más alto galardón literario oficial cubano en 1951. Evidentemente Ballagas era ambicioso. También está claro que su condición homosexual pendía sobre él como una espada de Damocles:.. traza una cruz de silencio y de ceniza sobre el impuro nombre que padezco… di que me he muerto y que me pudro. Todo ello es objetivo y real. Fue esa inconsecuencia, ese rejuego entre lo que sentía íntimamente su cuerpo y su alma, y lo que aparentaba en público, lo que me hizo apartarme de su poesía. Mucho más que las alusiones vergonzantes en varios poemas o la presencia marmórea de un hermoso joven en algún otro, lo que hiere es que su obra —realmente indispensable para el devenir de la poesía cubana del siglo XX— se base en un arreglo tan provinciano y necio: en sociedad, un marido y catedrático comm’il faut y en la intimidad un ente rechazable. Alguien, con mucho deseo de tapar el sol con un dedo, quizá diga que precisamente a causa de esa contradicción contamos hoy con la poesía como la de Ballagas. ¿En realidad alguna obra vale tal mutilación? Fue precisamente a raíz de la cruzada en pro de la decencia de 1971, que me alejé de Ballagas: ¿la obra de un escritor que prefería vivir en contra de su verdad íntima merecería siquiera mi atención?

5.

Los años me demostraron que sí. Que la poesía de Ballagas sí me estremece como siempre, que Júbilo y Fuga, Blancolvido, Sabor Eterno y Nuestra Señora del Mar, poseen un lugar indiscutible dentro de la visión poética de mi país, independientemente de lo consecuente o pusilánime que haya sido el poeta durante su paso por la vida. El hecho de que haya sido frecuente y hasta que se mire como algo normal la duplicidad de vida en muchas personas, en lo que refiere a su preferencia sexual para hacer un papel social más aceptable, no le resta deshonestidad. Como también es cierto que a la persona “común y corriente” no puede mirarse con los mismos ojos que al Poeta. El Poeta es luz, es ejemplo: a veces esperamos demasiado de él, pero de cierta manera nos asiste ese derecho.

Ello me llevó a construir anaqueles amplios y contradictorios donde encerrar a la persona del creador y a su obra: están D’Anunzzio y Borges, el cine de Renoir, la pintura y el grabado de Landaluze. Por otra parte, el fingimiento de Ballagas no era solamente una seudo solución provinciana ¿Es justo que un homosexual deba resignarse a vivir en un ghetto virtual, o ser un ermitaño, por decidirse a proclamar públicamente su condición? ¿Es injusto que un homosexual quiera formar familia, protegerse como cualquiera, tener una ancianidad digna? La paz, la armonía, el decoro, ¿son solamente cosas de machos? Para Cuba, y más para la del siglo XX, sí[5].

Hasta donde sé, en Ballagas la familia no fue ni un tormento ni el objetivo único del varón. Es verdad que los poemas que la homosexualidad llevó a escribir a Ballagas (Elegía sin nombre, Nocturno y elegía, etc) son quizá lo que más se recuerda de él, y probablemente lo que perviva cuando el Olvido dé cuenta de todo lo que forma nuestro mundo actual. Es cierto que la intensidad reprimida que hay en ellos, la culpa que reflejan, seguirán moviendo a las generaciones, ¿quién puede dudarlo? Yo insisto en preguntarme si rechazar la vida vale tanto como cualquier poema, por trascendental que sea.

Tanto el ghetto gay —donde sí estuvieron Virgilio Piñera y Reinaldo Arenas[6]— , como el hetero-fundamentalista —para cuyos prósperos habitantes no me alcanzan los renglones— son opciones que Ballagas quiso eludir. Aunque fenómenos como este sigan dándose hasta hoy, y a pesar de que considero que un Poeta no es —no debe ser— un hijo de vecino cualquiera, se cae de la mata una última pregunta: ¿Ballagas se vendió de marido ejemplar por amor, deseo de estar acompañado, de ser padre, o por alcanzar mejor posición social? Se plegó a medias, y, sin embargo, señaló que sacrificar la estabilidad y la compañía es tan monstruoso como negarse a sí mismo.

Aunque en algún aspecto me considere defraudado por la actitud del Ballagas persona, y no lo calle, ello no obsta para que su obra deje de fascinarme.

Creo que es muy pertinente no quedarme en el literato y considerar su persona. Admiro profundamente la poesía del camagüeyano, pero no puedo negar que erró; es más, lo proclamo, como asimismo afirmo que a pesar de sus errores, Emilio Ballagas merece mi elogio más sincero a un siglo de su nacimiento.

Santiago de Cuba, 7 de noviembre de 2008.

© Antonio Desquirón Oliva, 2008.


[1] La familia Ballagas proviene de España, aunque el sitio www.heraldaria.com no es capaz de darnos detalles sobre región, época, personalidades ni linajes. Las armas del apellido Ballagas son sumamente simples: sobre fondo de plata, una cadena negra puesta en orla, lo cual quiere decir modestia y obediencia incondicional al rey. Sin embargo una simple búsqueda con el motor Google arroja muchos resultados en húngaro (ballagász): ¿casualidad?

[2] Pintura Religiosa en Cuba, de Mons. Ángel Gaztelu; así como los textos de Antonio Fernández Seoane en la revista Viña Joven (Año 6, n° 25, pp 12-21 y de José Veigas Zamora en el catálogo del VI Salón de Arte Religioso (Centro Cultural A. Ma. Claret, Santiago de Cuba), abundan sobre la plástica sacra cubana y su expresión en los ’40.

[3] Respecto a este tema, es infaltable el estudio de Víctor Fowler La maldición, una historia del placer como conquista. Ed Letras Cubanas, La Habana, 1998. En otro texto, El tema gay en el arte cubano: ¿epifanía transitoria o convivencia inevitable? www. almamater.cu, abril 2003, Joel del Río continúa el seguimiento de lo gay casi hasta la actualidad.

[4] El corchete es mío.

[5] De hecho, una de las manipulaciones tradicionales a que se somete a la mujer es programar su visión del homosexual varón como un ser débil, egoísta, sórdido, en quien no debe confiarse, físicamente inmundo y socialmente degradante.

[6] Y no lo digo como elogio: el ghetto nos separa pero también nos protege y hasta malcría.

 

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EmilioBallagas2835B

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lunes, 3 de noviembre de 2008

A little bit of sound in my soul ——-> CONCHA BUIKA

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Buika

Concha Buika

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a mi amiga Karin

 

También podría ser “un poco de alma en mi sonido” y quedaría tan aparente. Pero necesitaba —NECESITABA— algo así para tomar un poco de aire que seque mis pulmones de la mala agua del maremoto —me niego a escribir el término globalizado “tsunami”, o todos vamos a terminar hablando como un folleto de viaje o como el telediario de las 3— de las últimas jornadas saturadamente políticas: Obama y McCain, Cuba-Cuba-Cuba (siempre Cuba, sólo Cuba), el ridículo de Zapatero mendigando una presencia que nadie quiere para la Cumbre de Washington, el crack de Islandia, y todo un coro de infelices brindando imaginariamente porque el capitalismo ha muerto.

Concha Buika cantó anoche en el Teatro Bellas Artes, de Madrid. No quiero caer en los tópicos de mencionar orígenes, ancestros étnicos, influencias musicales, porque, por sobre todo eso, está ella. La Buika es arte puro, y afirmar y reconocer eso supera la ronda de miserables datos. Además, ella en sí misma es como una forma de vida. Lamento no poder remitir aquí a la entrevista que le hicieron para El País cuando sacó su primer CD, “Mi niña Lola”, pues tendría que hacer una labor de hemeroteca internáutica que no sé si daría resultados. La vengo siguiendo desde aquella niña, desconociendo que antes de llegar al estudio de grabación debe haber rodado bastante por los baretos de mi barrio multi-cultural, y posteriormente descubrí por internet que antes de asumir y transformar la copla, se entregaba al house con el mismo acierto.

Iván “Melón” Lewis la acompañó al piano en una soberbia versión de Niña de Fuego, la tonada que Manolo Caracol cantaba cuando Lola Flores bailaba. Mi Niña Lola me empequeñeció en la butaca como si en ese momento mi cuerpo hubiera muerto y de él escapara el alma. Y el tercer gran momento fue lo que hizo con Ojos Verdes, o más bien lo que hizo de Ojos Verdes, con bis incluido y cierre apoteósico. Única, grande.

En algunos momentos me recordaba unas escenas en televisión que vi siendo niño y que nunca he podido olvidar: La Lupe cantando Ansiedad, cuando se quita los zapatos y arremete contra el pianista, y que posiblemente iba para gran bolerista si no hubiera caído en el amor de Tito Puente y en arrebatos más convencionales de la salsa newyorkina.

Concha Buika es de esas cantantes a las que le perdono que seguramente esté contra el embargo norteamericano y vaya a Cuba cada dos por tres. A Cuba cuasi-oficial, y a Cuba musical. La banda que la acompaña está compuesta por —supongo que— aterciopelados músicos “afro-cubanos”, anti-americanos y que lo justifican todo con la letanía “dirigencial”. Los músicos siempre han formado un racimo un tanto independiente del resto de la parra.

Jazz, copla, improvisaciones, letras inventadas al paso, rumba flamenca con aires tropicales. Y Buika, abriendo como única el Ciclo de las Únicas para este invierno madrileño.

 

© David Lago González 2008.

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http://www.lastfm.es/music/Concha+Buika

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Artist: Buika in Galapajazz 2007

Concha Buika (live)

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viernes, 31 de octubre de 2008

elegía CON nombre

Yo no he revisado uno por uno todos los blogs cubanos, pero me ha llamado la atención que el único recordatorio de la muerte de Emilio Ballagas lo encontré en Penúltimos Días y refiriéndose nada menos que a un editorial de Granma, lo que verdaderamente me hace dudar entre el sencillo homenaje y el descrédito que significa que Granma te recuerde.  Ni un triste comentario.  Resulta increíble, la verdad.  Resulta increíble la verdad.  ¡Cojones!  La muerte de Helio Orovio --al que Reinaldo Arenas llamaba "Helio Oprobio"-- tuvo más repercusión y dolor solidario.

Yo tampoco me referí a Ballagas el día de su muerte, pero hacía meses había pensado iniciar otro blog para la poesía escrita por hombres pensando en hombres y comencé con la famosa "Elegía sin nombre" (http://elegiasinnombre.blogspot.com/).

Recuerdo --imborrablemente-- las visitas mías y de Nikitín a la casa de Carlín Galán (hermano de Natalio, el musicólogo) y el viaje en el espacio y el tiempo, a través de la descripción maravillosa de Carlín, de los jóvenes años de Emilio Ballagas, Virgilio Piñera, Luis Carbonell, y el "otro" mundo camagüeyano.

(C) David Lago González 2008.

martes, 28 de octubre de 2008

READER’S DIGEST SELECTIONS - Mi personaje inolvidable (1)

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Mi tío Lumino.

Lumino es apócope de Iluminado. Fue el menor de mis ti@s matern@s y posiblemente con el que más cosas tengo en común, empezando por una timidez paralizante que hizo que nunca nos identificáramos lo suficiente hasta después de abandonar yo Cuba en 1982, o sea, cuando ya quizás era demasiado tarde.

Mi madre contaba que él tenía que “encaramarse” a un cajón para poder alcanzar el mostrador de la dulcería de su cuñado en el pueblo de La Esmeralda, provincia de Camagüey, adonde emigró una buena parte de mi familia materna oriunda del hermoso pero pobre paisaje matancero. También allí se radicaron los hermanos Lago en un tiempo en que el apeadero llevaba el bonito nombre de Wooden, que prefiero con creces al cursi y totalmente falso de la supuesta gema verde. Pero ésa es otra historia. En la que corresponde a mi tío, quiero añadir el detalle —loco, enloquecido, propio de cierto desatino familiar— de que aquella dulcería comenzó llamándose “La Llave Estranguladora”. Como era obvio que con tal calificativo no llegaría muy lejos, muy pronto comenzaron a referirse a ella simplemente como “La Llave”, y así continúa llamándose hasta el mismo momento en que escribo estas líneas. Allí siguió Lumino subiéndose a los cajones y terminó como “maestro pastelero” de primera, considerablemente superior a lo que hacía la “Pérez Sosa”, la dulcería más famosa de Camagüey. Además de lo normal, trabajaba por encargo, y poseía una receta secreta (que a la tumba se llevó) para “emborrachar” el bizcocho inferior del “cake” (o tarta) y convertirlo en un manjar propio de golosos dioses.

Dejando a un lado este aspecto laboral, mi tío Lumino, muchacho pobre, pobrísimo, comenzó a darse cuenta de que las cosas, la vida, no eran muy justas y que el fiel de la balanza por lo general se inclinaba hacia un solo lado. Inició así sus primeros escarceos con el movimiento anarquista, tan próximo en definitiva a personas de una cierta sensibilidad, lo cual en realidad nos comunicaba a él y a mí mucho mejor que cualquier otro lazo. Como se sabe sobradamente, el anarquismo en sí es inviable y fácilmente propenso a ceder terreno ideológico frente al socialismo y el comunismo. Así fue que tempranamente mi tío ingresó en el Partido Comunista de Cuba. Las hermanas, hechas una piña de sustos y temblores, echaban las culpas a las “malas juntamentas”, como siempre que en estos conflictos media el amor. Esas “malas juntamentas” estaban representadas por “Manolín, el del Gallito”. Manolín era un republicano español y El Gallito creo que era una tienda donde éste trabajaba. En no sé qué momento de la vida, Manolín pasó a ser vecino nuestro en la calle García Rouco y creo que todavía vivía cuando mi madre y yo partimos. Como aquello era tema tabú —“¡tabú, tabú!” decía mi prima Dora, otro personaje inolvidable a la espera de que le llegue el turno—, nunca supe con exactitud en qué tiempo del pasado político de mi tío, éste fue internado en la Cárcel Modelo de Isla de Pinos, si como anarquista o como comunista, aunque ambos partidos y tendencias eran legales en la Cuba republicana anterior a Fidel Castro, ni tampoco por qué exactamente fue puesto preso ni por cuánto tiempo. Mi tío nunca habló de la prisión. Los hombres en Cuba no hablan de la cárcel. No hace mucho leí un artículo en el Nuevo Herald de alguien que había estado preso y se refería a este silencio, pero ya yo lo sabía con anterioridad pues mi primer amante cumplió cinco años por la muerte de una persona en una reyerta callejera y de sobra conozco la historia muda, digerida a golpe de sol justiciero y garganta seca.

Cuenta la familia que mi tío, intentando barrer para el partido, en cierta ocasión anotó como militantes los nombres de sus inocentes hermanas, que un día se vieron cuestionadas por su filiación política, aunque parece que la situación se resolvió favorablemente a todas las partes.

De modo que el núcleo duro de las hermanas Fagundo vio con cierto respiro que Luminito se encaprichara de una mujer de dudosa reputación, y que del capricho pasara al enamoramiento total y al amor más arrebatado, terminando la cuestión en boda. El amor lo alejaba de la política, y una turbulencia interior es mejor que una externa, sin duda alguna. Así las soflamas políticas quedaron sofocadas por besos incendiarios. Imagino, adivino, palpo casi el cisma que en su momento representó para estas mujeres, pobres pero redobladamente decentes y pudorosas, dar cabida en la familia a una “fulana”. Mi padre apenas si los trató durante años; cuando se sabía que ellos irían a visitarnos algún domingo, él siempre encontraba algo que hacer fuera de la casa y salía antes de ellos llegaran. Hasta que mi madre se le encaró y le dijo: “¡basta de humillaciones, David Lago, basta ya!” Yo siempre tuve la sospecha de que mi padre y mi tía se conocían desde antes de sus respectivos matrimonios y de sitios tan íntimos como la cama. Con el tiempo las confrontaciones desaparecieron por completo y cada vez que iba a La Esmeralda a “la casa de la aldea”, mi padre pasaba por la casa de mis tíos y se tiraba largas horas con ellos.

Mi tío fue siempre un hombre muy prudente y si bien no justificaba ni condenaba acaloradamente los excesos más imperdonables de la Revolución, sobre todo aquellos que afectaban a sus hermanos y sobrinos, siempre tendía a aligerar la carga de las razones por las que solíamos quejarnos comúnmente. A pesar de su largo “historial” —se decía así, creo— de revolucionario debido a su pasado anarco/comunista, nunca jamás aceptó ningún cargo de los muchos que le propusieron y, cuando dejó su oficio de pastelero, se convirtió en un administrativo más de aquello que se llamó “el Poder Popular”. Sólo hizo uso de su posición potencial a favor de su hermana mayor (y ex-dueña de la dulcería) al apañar una pensión vitalicia para ella, pues por la expropiación del negocio familiar no existió compensación alguna, como se acostumbraba hacer.

Al marcharme, él heredó mi máquina de escribir: una Remington portátil de última generación (es decir, como del 59 o 60) que, naturalmente, había pertenecido a mi padre, y cuyos tipos ya iban padeciendo un desgaste que, entre la machacada cinta y el papel cebolla, convertían sus cartas en fantasmales. Una de aquellas cartas fue para mí algo especial. En ella hacía un recuento de su vida y por enésima vez me hacía saber lo orgulloso que se sentía de mí, de los poemas y las cosas que escribía. Fue en esa carta donde me dijo que él nunca podría haber imaginado que aquellas ideas en las que él creía como símbolo de justicia, harían en el futuro tanto daño a las personas que más quería.

La carta no la conservo, lo que cada vez que pienso en ello me produce cierto dolor. Hubo un momento de mi vida, años atrás, en que pensé que no viviría mucho más tiempo y en aquel arrebato de precipitada despedida, rompí muchas pedazos de mí que arrastraba con sumo placer. Pero un extraño capricho ha marcado lo contrario y aquí sigo, viendo el desfile pasar.

© David Lago González, 2008.

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sábado, 25 de octubre de 2008

El placer epistolar (1)

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(Mary Pickford)

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----- Mensaje original ----
De: David Lago-Gonzalez <david2305@yahoo.es>
Para: Pucha <...........>
Enviado: viernes, 24 de octubre, 2008 21:44:48
Asunto: Algo así como una carta


Escribe... escribe... ese placer epistolar en realidad ha perdido vigencia.  Además, quizás mi dispersión llega también hasta esa actividad, y uno siempre piensa en un mínimo de intimidad que en este caso particular siempre se pone en duda  (no es que uno diga nada importante, pero tampoco es cuestión de imaginar que se oyen risitas mientras se escriben las palabras).

¿Qué quieres que diga?  Sólo puedo contar las cosas más simples y cotidianas, todas esas que aparentemente no tienen importancia pero que conforman la vida real.  Sabes que no soy periodista independiente, que es la moda cubana actual como en los 60s lo eran los poetas, ésos sí, absolutamente dependientes: aquellas manadas de versos a la caña que espiga bien recta hacia el cielo (¿estarían hablando de otra cosa?) con sus miles de libros que se leían unos a otros...  ¿Te acuerdas qué sufrimiento?  Bueno, pues ésos fueron los ganadores, son los ganadores, y aquellos libros deplorables y babosos se convirtieron en el aval que hoy les hace viajar de feria en feria del libro como si todos estuvieran becados de por vida por la Ford Foundation o por cosas más oscuras e inútiles porque no entiendo cómo tienen dinero para todo.  A pagarse la edición de sus propios libros le llaman eufemísticamente "publicado por la editorial xy2", y parece que nunca se miran al espejo para no ver reflejada la realidad.   En fin, miseria, patetismo.

La crisis financiera-económica se siente, se palpa, se presiente aún peor y se te clava en un costado.  En mis 26 años de etapa española he pasado otras, según la prensa y las estadísticas, pero ésta me parece que es mucho más seria.  Esto de estar como esperando algo paraliza un poco.  No es que uno tenga proyectos, como me preguntó Carlos un día (yo creo que estaba bajo el efecto de la morfina) y yo, gallego, contesté con otra pregunta: "Vicky Lester, ¿te refieres a mis proyectos de juventud?"  .................  Uno no tiene na', pero aun así hay que contar con un poquito de leche y café para hacerse el desayuno.  Hablo en sentido figurado, ya sabes, lo cual a lo mejor allí se aplica en sentido literal.  Eso es, literalmente, lo que los gilipollas llaman, eufemísticamente, "las dos orillas".  Pero en realidad yo creo que hay una sola y única orilla: la chusmería.  Recuerdo que Octavio tenía una teoría sobre "la invasión del orillismo", de la marginalidad.

Gil no ha llegado todavía.  Ha empezado un curso de teatro.  Como bien puedes imaginar --y no podía ser de otra forma-- el director-maestro-profesor (¿te acuerdas de aquel lucumí que nos daba clases de guitarra en la calle Lugareño que nos obligaba a llamarle así?) es..... argentino.  Bueno, el chico quiere ocupar el lugar de Paul Newman en el cine, cosa que veo muy difícil.  Pero tiene un arma de convencimiento muy potente --ya estás pensando en otra cosa, pero no, te equivocas--: él me dice "déjame recuperar la infancia que no tuve".  Y claro, eso te desarma.  Es la misma justificación que esgrime para ir al cine: sólo vamos a ver películas de la factoría Disney: deliciosas, y verdaderas y grandes obras de arte.  Nada de cine comprometido ni nada medianamente serio.  Mucho menos, españolas.  Y ni bajo tortura, cine cubano, que ya me cruzo en el barrio con Vladimir Cruz (no make-up) de vez en cuando.

Creo que viene (de allí, allí) mi amigo Orlando.  No sé si le conociste alguna vez: nos mataba el hambre durante los dos años post-Mariel con ese divertimento burgués y baladí de comer fuera de casa.  Jero me pasó dos direcciones electrónicas pero con tantas advertencias y subrayados sobre lo que podía decir y lo no-no-no podía decir que decidí no escribirle.  Con el tiempo se pierde la agudeza para comunicarse en códigos.  Felizmente, creo.  Voy a ver si le llamo este fin de semana.

Y creo que Elio va en diciembre.  Me lo tiene que confirmar.

Desqui buscaba documentación (en realidad quería algo de  "salt & pepper") para no sé qué que tenía que escribir sobre Ballagas y yo le hablé de tus libros, que, por supuesto, no ha visto en toda su perra vida.  ¿Es que allí pasa como aquí, que los mecenas de la cultura no se encargan de la distribución?  Bueno, yo le hablé de lo que nos contaba Carlín Galán a Nikitín y a mí sobre "la casa de la salamandra" y aquél que tenía, y aún las tiene, las uñas ovaladas...  Pero parece que persiste cierta atmósfera católica-oficialesca (¿rusa ortodoxa tal vez?) que no gusta de rebuscar en el dobladillo del vestido.  Por cierto, mencionando al único Carlín, ¿qué habrá sido de la máscara mortuoria de Ballagas que tenía él en la sala, al lado de su sillón y del radio?  ¿Y los Pélaez, los Portocarreros, el Lam?  ¿Manolito Martínez --que en La Gloria esté, y no me refiero al poblado del mismo nombre que está por la zona de Vertientes--  daría cuenta de ello?

Bueno, creo que esto es lo más parecido a una carta que me ha salido.

Una pregunta sobre algo que me preocupa.  Dime, mi querida Pucha, que sigues manteniéndote virgen ante perversiones linguísticas como el palabro "asere" y cualquier otro derivado???

Besos.

David

David Lago-Gonzalez
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Las tenidas teatrales de Camagüey (4) (5) (and maybe not the end...)

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----- Mensaje original ----
De: elio poblador <...........>
Para: David Lago-Gonzalez <david2305@yahoo.es>
Enviado: miércoles, 1 de octubre, 2008 1:45:53
Asunto: RE: MUERETE DE RISA


¡¡Me parece increíble!!!  Dale gracias a Desquirón, aquí estoy contestándote y ríendome,  estas historias me parecen increíbles, es como estar viendo fragmentos de una película que ya uno había olvidado y lo  especial es que de veras todos éramos felices (al menos durante los shows) a pesar de las circunstancias. Yo creo que fuimos pocos,  si no los únicos en la isla que pudimos lograr liberarnos del sistema aunque fuera por aquellos cortos periodos de tiempo y eso fue de una magnitud tan grande que aquí estamos recordándolos luego de tantos años. Es que inconscientemente estábamos siendo partícipes de algo tan peligroso como el ser auténticos y haciéndolo sin pedir permisos ni consultar a nadie.

Me viene a la mente una noche en que Nikitin, Keta Pando Roberto y yo estábamos haciendo "imágenes transidas”. Luego de unas cuantas digo yo: Hagamos una donde todos miramos hacia arriba (a la azotea donde vivía la presidenta del CDR , ¿te acuerdas de Elva?) y quedamos horrorizados pues ella nos estaba mirando. Y así fue, todos miramos a la vez y fuimos todos, incluyéndole a ella quienes gritamos pues en realidad ella nos estaba mirando. El tropelaje que se formó para salir de la casa fue increíble pensando que la policía llegaría  en cualquier momento, luego de un par de  horas sentados en el Parque Agramonte, Nikitin me acompañó de regreso a la casa pero no encontramos rastros de nadie. Luego llegamos a la conclusión que ella lo que estaba haciendo obviamente era disfrutar también del show. Luego de este incidente y en varias ocasiones, Nikitin, cubriéndose el rostro con el long-playing "With a Little help of my friends" de Joe  Cocker entraba por un lado de la cocina y desaparecía por la puerta del cuarto gritando: ¡¡¡A correr que Elva llamó a la policía!!!! ¿recuerdas la cara de Joe Cocker en el disco?

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----- Mensaje original ----
De: elio poblador <.............>
Para: David Lago-Gonzalez <david2305@yahoo.es>
Enviado: sábado, 27 de septiembre, 2008 2:51:19
Asunto: RE: LAS HORRIPILANTES


Estoy en el trabajo y ahora a mí también me vienen a la mente flashes de los shows en San Clemente. Una de las escenas cómicas sobre el nacimiento del niño Jesús fue que mientras Maria está en espera de los tres reyes Magos, en eso comienza a relampaguear,  entonces ella aterrada saca una sombrilla de dentro de su atuendo y con la misma le grita a José "¡Corramos que viene el diluvio! ¡Busquemos a Noé a ver si se le ocurre algo!!!!" y con éstas, lanza al niño por los aires y salen los dos de la escena guareciéndose debajo de la sombrilla, corriendo. También recuerda "las Leandras"; esto lo hacíamos Nikitin, Keta y Yo luego de salir del Bosque. El lugar predilecto era una tarima que por alguna razón siempre estaba plantada en la carretera central en la acera opuesta al Auditórium, cerca del parque infantil.
Luego te mando más.
Un beso!!
Fedexkaia.

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lunes, 20 de octubre de 2008

Tertulia Literaria Hispanoamericana Rafael Montesinos - Curso LVI

 

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SESIONES NOVIEMBRE 2008

Inauguración del quincuagésimo sexto curso, 2008-2009

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(sesión 1609ª)

Martes, 11 noviembre de 2008 - 19´30 horas

Félix Grande leerá poemas de Libro de familia.

El poeta se autopresentará

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1610ª sesión

Martes, 18 de noviembre de 2008 - 19´30 horas

Ana Rossetti leerá poemas del libro Llenar tu nombre.

La poeta se autopresentará

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1611ª sesión

Martes, 25 de noviembre de 2008 – 19´30 horas

Miguel Galanes leerá poemas publicados e inéditos

presentado por Francisco Caro

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sábado, 18 de octubre de 2008

Esbozo para el estudio de una dama

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NOTA DEL BLOGGER:  En el intento de recuperación de los "manuscritos digitalizados" perdidos en el éter esta última vez, me llegó este intento de algo que comencé a escribir para el número dedicado a la mujer cubana de La Peregrina Magazine.  En aquel momento fui incapaz de terminarlo, ahora tampoco, igual pocos puedan entenderlo, las cosas han variado tanto...  pero recuerdo que estas mujeres nacidas en Cuba no tenían que esforzarse tanto para ser lo obvio como noto que les cuesta a tantos y tienen que hacer ahínco, ponerse agresivos, ofender a terceros o envolverse en un trozo de tela de varios colores.  Estas mujeres que tuve el gran honor de conocer y compartir parte de mi vida con ellas simplemente eran ellas mismas y no solían alzar la voz.  Hoy, hasta yo mismo hago lo contrario.  Esta mañana recordé que una de ellas partió un día como hoy, hace 13 años.  Pero éste un post alegre, aunque parezca que me comporto como Luisa Pérez de Zambrana.

 

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Imagen 175

© David Lago González, 2008.

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La mujer cubana que me acompaña, la que se sienta conmigo a compartir el café de las tres de la tarde –aun cuando no lo tome--, con la que comparto cada comida a la hora señalada –aun cuando no me siente a la mesa--, la que me recuerda cómo hemos sido y cómo no seremos nunca más, es una mujer dulce y fuerte a la vez pero nunca ácida, nunca sumida en un pozo de amarguras, crecida ante las adversidades, educada en una pobreza que afila una búsqueda innata del buen gusto y los modales adecuados sin llegar a la falsa sofisticación

AGF nació en la zona de Torrientes, Matanzas, en una finca de cuyo nombre siempre quiso olvidarse hasta que muchos años después le tocó renunciar a la ciudadanía cubana para recuperar la española que el matrimonio le había brindado y, toda nerviosa, exclamó con todo lujo de detalles delante del juez: “sí, señor, en la finca “Pica-Pica, en el año 1910”.

La extracción social siempre podía haber sido más humilde —nunca se tiene la suficiente imaginación como para determinar el último peldaño de la pobreza—, pero ya lo fue bastante. Como fondo general, el titubeante y difícil nacimiento de una nación que recién se liberara de la paternidad y comenzaba a gatear y andar por sí misma. Campesinado criollo, con una muy cercana impronta peninsular o insular de la metrópoli, continuaba el curso natural de una sociedad a la que se debía. En ese día tras día de la vida anónima, las palabras, los silencios, los gestos, los respetos, van formando un tejido por el que se desliza el tiempo en forma de costumbres, y en esa longitud los hábitos van cambiando con serenidad. AGF fue retirada de la escuela a los siete años, después de fallecer su madre en un hospital de La Habana, cuerpo que no se pudo devolver a su lugar de residencia por falta de posibles. Era la quinta de seis hermanos, la más chica de las hermanas; le sucedía un hermano, “tan pequeño que para alcanzar el mostrador tenía que subirse sobre una caja”. Dos hermanas ya habían casado. El padre, de salud delicada, no era alguien con el que se pudiera contar para continuar abriendo la brecha de la existencia. De modo que el peso de las tinieblas fue asumido entre el hermano mayor —que pronto también enamoró y casó—y las tres mujeres restantes: B. montó una escuelita “paga” para niños de los alrededores; J. tejió y destejió la lana para el invierno, bordó y orló manteles y cubrecamas primorosos; y A. comenzó a ocuparse de la cocina y los quehaceres de la casa. Terminó así para ella la mitificada escuela, su adorada maestra y su nunca olvidado “Niágara” bañando para siempre su vida.

© David Lago González, 2008.

(o 2007)

viernes, 17 de octubre de 2008

MOLESKINE (5)

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Il Mondo

Esta mañana Il Mondo, “a la medida de un te quiero”, viene cargado. Tal como el otro mundo, el de hoy y mañana, pero a veces éste suele darnos alguna sorpresa, alguna alegría. O ¿es el otro? En realidad, estoy un poco confundido...

Lo primero que me encuentro que me hace sonreír de lado —eso que en inglés se llama “to grin”— es la agresividad y el oportunismo de un comercial del UBS, que creo que es algo así como un banco de inversiones. El anuncio dice: “YOU & US. El mundo cambia. Nuestro compromiso, no.” Y más oportuno, imposible.

Lo segundo, no dice, grita: “Sexo oral en el Metro”. “Sancionan con 30 días de empleo y sueldo a un conductor de la Línea 3 del suburbano que dejó pasar a un travesti a la cabina para que le hiciese una felación mientras pilotaba el convoy.” Pero el pintoresquismo continúa más adelante porque resulta que el travesti denunció al tío por no haberle remunerado la tarifa acordada.

Lo tercero, “Noche agridulce para los <ilegales>”. “La Asociación de Sin Papeles de Madrid celebró ayer su primera manifestación para pedir que el <top-manta> deje de ser delito. Uno de sus integrantes fue detenido poco antes del acto.” Sin papeles, pero unificados, como lo digo en mi poema “Cuando sea mayor” (http://indiciosdedesorden.blogspot.com/). Por supuesto, yo estoy con ellos y en contra del canon de la SGAE. La mayor parte de los top-manteros son “sub-saharianos”, o sea, negros, que difícilmente, aun con toda una casa llena de papeles, encuentran trabajo (y no me refiero a trabajos dignos). Además la mayor parte de ellos son vecinos míos pues vivo en el centro de eso que “la divine gauche” llama “barrio multi-cultural” y es ésta la que mayormente demanda el canon de autor y con ello la represión de los top-mantas que tienen piernas largas y fuertes como gacelas, precisamente, africanas, pues se pasan la vida corriendo por todas partes. Luego, ante este hostigamiento, se meten a trapichar con droga, los meten presos y claro, “la inmigración ilegal genera delincuencia...”

Lo cuarto, “Una mujer rusa, asesinada de 20 puñaladas.”

Lo quinto me parece lo más sustancioso. El titular es “¿Es esto un gobierno socialista?” pregunta que se hace el dúo de rap o hip-hop (confieso que confundo estas variantes musicales) llamado Ska-P. O son after-punk, en fin no sé. Copio aquí las letras de dos de sus canciones —¿canciones?—.

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El tercero de la foto

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Ése de la foto, dime tú quién coño es,

Al lado de esos mierdas que se reparten el pastel.

Defiende con vehemencia, al yankee y al inglés,

Hay que ser memo o tener ansia de poder.

El mundo se pregunta, ¿pero ése quién es?

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¡Ay! Mi españolito, ¿por qué le das tu bendición a esos dos cretinos?

¿También quieres su porción?

Nadie en su sano juicio te puede comprender,

Andas perdido, en una peli de Buñuel, el mundo se pregunta:

¡¡¡Pero ése quién es!!!

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Nos cogemos las manos como buenos tiranos,

Sonreímos sin más.

Nos cogemos los falos,

Mientras nos masturbamos saqueamos Irak.

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La, la, ras la, la...

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Se te llena la boca al hablar de tu nación,

Pero te hiciste el sordo cuando se manifestó.

No queremos guerras, ni héroes de cartón,

Ni mucho menos a un lacayo servidor

Prostituta del imperio, un triste bufón.

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Nos cogemos las manos como buenos tiranos...

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La, la, ras la, la...

Oh, oh, oh, lacayo de América.

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Esta ¿canción? debe ser un poco antigua porque adivino que se refiere a “la foto de las Azores”, con George Bush, Tony Blair y José Mª Aznar, al cual evidentemente le está dedicada ¿la canción? El estribillo “nos cogemos las manos como buenos tiranos” podría ser aplicado con toda facilidad al reciente encuentro de Roque y Moratinos, teniendo en cuenta de que este último no alcanza la categoría como tampoco los de la vieja foto. Me gusta mucho la parte de “la, la, ras la, la...”: genial.

La otra canción es más actual pues se llama:

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El imperio caerá

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Se repite la historia,

Se alternan los sucios imperios.

Ninguno fue bueno

Y más tarde o temprano cayó.

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El imperio romano se derrumbó,

Más tarde el imperio español

Y los yankees caerán,

No serán la excepción.

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Conquistan países,

Imponen su pobre cultura,

Saquean recursos sembrando pobreza y rencor.

Manipulan los medios de información

Privándonos de la verdad,

Sus bases militares nos vigilarán.

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Pero no ha habido imperio y nunca lo habrá

Que aguante la fuerte presión de los pueblos unidos contra el invasor.

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Americans, the empire will fall,

El imperio caerá.

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En fin, en fin. Vamos por partes. Celebro la humildad y modestia autocrítica de poner el imperio español al mismo nivel del romano y el norteamericano. Leyendo esta letra, sobre todo en ese trocito donde entonan “imponen su pobre cultura”, pienso que yo preferiría quedarme con esa pobreza en vez de la riqueza cultural que adivino en este dueto neo-anarquista. Y no sé por qué, seguramente debo estar loco como dicen por ahí, pero me resulta extrañamente familiar eso de “no ha habido imperio y nunca lo habrá, que aguante la fuerte presión de los pueblos unidos contra el invasor”. ¿Dónde he escuchado cosas parecidas? ¿Dónde, dónde? Por último ya, yo creo que sería más correcto decir “the empire SHALL fall” en vez de “the empire WILL fall” porque “will” expresa voluntad y supongo que el imperio no tiene ningún deseo de caer, en todo caso es Ska-P (¿hacia dónde) el que tiene el deseo de que el imperio “debe” caer.

Y así, voy subiendo subiendo, las nubes se ríen de mí... (La Montaña, Monna Bell). “Botín culpa de la crisis a los <excesos> de la banca”, con lo que, en cierta forma, se inculpa también de la crisis, ¿o es autocrítica revolucionaria? Y más adelante Barbara Hendricks dice “El flamenco es ‘blues’. Y Mozart también lo es” Y esto, ¿qué es? ¿chauvinismo sureño de color?

Dicho sea de paso, hace unos días detuvieron a tres chaperos rumanos de la Puerta del Sol —escapó uno—, que fueron los que mataron al deejay Cocó Ciëlo. La noche sigue siendo peligrosa.

© David Lago González, 2008.

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martes, 14 de octubre de 2008

La amistad nunca es serena (para Carlos)

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CHET BAKER'S UNSUNG SWAN SONG

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My old addiction
Changed the wiring in my brain
So that when it turns the switches
Then I am not the same
So like the flowers toward the Sun
I will follow
Stretch myself out thin
Like there's a part of me that's already buried
That sends me out into this window

My old addiction
Is a flood upon the land
This tiny lifeboat
Can keep me dry
But my weight is all
That it can stand
So when I try to lean just a little
For just a splash to cool my face
Ahh that trickle
Turns out fickle
Fills my boat up
Five miles deep

My old addiction
Makes me crave only what is best
Like these just this morning song birds
Craving upward from the nest
These tiny birds outside my window
Take my hand to be their mom
These open mouths
Would trust and swallow
Anything that came along

Like my old addiction
Now the other side of Day
As the springtime
Of my life's time
Turn's the other way
If a swan can have a song
I think I know that tune
But the page is only scrawled
And I am gone this afternoon
But the page is only scrawled
And I am gone this afternoon
..............................................
© David Wilcox, all rights reserved.

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Sé que Carlos murió el 12 de octubre del año pasado. Verdaderamente peor día no pudo escoger, pues para una persona nacida en Cuba, morir en tal fecha, tan cercana al día 10 y bajo el sello de la Hispanidad, le proporciona todas las papeletas posibles para que la miríada de mediocres le adjudiquen estandartes de patriotismo y lengua. Por suerte, parece ser que sólo se acordó de él José Abreu Felippe, que le dedicó un sencillo pero sentido homenaje en las páginas del nuevo heraldo (me consta que ellos son amigos de Miami, a partir de la llegada de Abreu a la Ciudad del Rayo de Sol). Yo temí una avalancha de repeticiones de toda la basura que se ha escrito sobre él, incluyendo ésa que no puedo olvidar de Manuel Díaz Martínez —creo que ése es su nombre, soy malo para ellos— diciendo algo así como que había entrado en el lugar de Los Grandes —y nombraba a Jesús Díaz—. No comments, please.

Algunas personas tenemos varias vidas, y algunas personas las mezclan o no. Los amigos de “antes” de Carlos, de Camagüey y Santiago, siempre que leemos algo sobre él, quedamos con la sensación de que antes de Miami Lakes no hubo casa ni vida posible, y que Carlos nació el día en que, con Estrella Victoria Olivera, puso pie en Key West o en el momento en que coincidió con Reinaldo Arenas y con Guillermo Rosales, y entre aquel bochornoso premiecito innombrable del Caimán Barbudo —del que nos reíamos todos e incluso utilizábamos en su contra cuando queríamos forzarlo a algo o burlarnos de él— y la generación Mariel sólo estaba La Nada, pero esa nada estaba también llena de amebas, gusanos y otros gusarapos insignificantes que formaban parte de su vida como él de la nuestra. En fin, era un ser normal y por normal quiero decir humano. Recuerdo que Emilia siempre decía que quería tener un hijo como Carlos.

Yo también, como él, dejé de escribir cartas. No sé si por fin Roselia —su tía y madre de crianza— llegó a cobrar el dinero que él le dejó en un seguro, recurrido por su respetable viuda. No sé tampoco si ya Truca Pérez terminó el degradante garage-sale al que nunca debió brindarse, aun cuando estoy juzgando sin conocimiento total de causa.

En fin, that’s the way it is.

Siempre me viene a la mente la frase de una aristócrata francesa, cuyo nombre no recuerdo: “la amistad nunca es serena".  Le dejo a Carlos esta canción de David Wilcox, cuya letra es un hermosísimo y desgarrador poema. Lo hago por los desgarradores y hermosos momentos de serenidad y violencia de nuestra amistad, y me hago portavoz de los que existimos antes y después de.

© David Lago González, 2008.

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talkin' 'bout THE CITY

viernes 10 de octubre de 2008

Tus techos

Por Xenitis Rebel
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Es viernes acá y también lo es para ti, aunque tú no lo sientas igual yo lo siento así. Si alguna vez unos celos gratuitos han devorado tu verde soto, déjame decirte que en estas otras ciudades nunca he escalado los techos. ¿Será por eso que me sigue siendo ajeno el viento? Me he mordido los zapatos y he mordido sus pezones, esa suerte de tesoros, o diamantes en la vuelta del sextante, pero nunca me he trepado a sus techos. Aun con sus vasallos los techeros son como solitarios pendencieros. Acá la soledad es tan grande que llega a los techos. Son llanos sus nervios y no tienen ángeles como los tuyos; ni la exaltación y ni el pulso de tu ventura. ¿Te quedan algunos de color sangre, o aquellos con peñascos parnasianos de rockeros y poetas tomadores de vodka? ¿Siguen los palomeros requiriendo de tus techos para mandar suplicas al cielo? Si te sirve de algo, te confieso que hoy quisiera volver a caminarlos desnudo y hacer el amor sobre una manta llena de huecos. O solamente subirme para ver las tumbas del cementerio. Sólo era eso, dejarte saber, muy desordenadamente, que hoy extraño la leche de tus techos.

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NOTA DEL BLOGGER:  Tomado del blog Soledad Propiciatoria.  Gracias, Carlos.

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