martes, 1 de marzo de 2011

SE VAN LAS BUENAS (y se quedan los malos)

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Annie Girardot, carta astral

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O las malas, da lo mismo.

A Annie Girardot la recuerdo especialmente caracterizando a la Nadia de “Rocco e suio fratelli” (http://it.wikipedia.org/wiki/Rocco_e_i_suoi_fratelli), saltando de cama en cama huyendo de la maldición siciliana de Rosario Parandi (Katina Paxinou) roccoth_19179_1d_122_83loque, poniendo los dedos como un tridente, la perseguía gritándole: Ietattura per tuo cuore! Ietattura per tuo cuore! Y ella diciéndole: “No, no, questo no…”  Después la mataría aquel hijo de la mamma Parondi que había nacido para bordear el abismo: Simone era su nombre (interpretado por Renato Salvatori), quien la crucificaría con cuchillo contra aquel árbol de la noche y la bruma que suelen entrelazarse a cualquier arrabal. Posesión y crucifixión, pasión y muerte, misterio glorioso y misterio doloroso. Nadie mejor que Visconti para, de alguna extraña manera, adelantar la suerte ultimísima de su colega Passolini como en una especie de pre-visualización espiritista y onírica.

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Y en algún momento la dulzura de lo imposible corriendo por el tejado de la Catedral de Milán, con aquel angelical Rocco que Visconti supo descubrir en Alain Delon, uno de los hombres más bellos, y también más solo y amargado, que ha dado La France.

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¿Cuántas veces vimos la película? ¿Cuántas veces la vi en Cuba? (En España una sola vez: nunca he podido cometer “pecado de doblaje”, yo, que tantos pecados he cometido…) Nikitín pulió una recreación de Nadia asesinada y poseída por la muerte y la interpretaba en cualquier sitio: en la saleta de mi casa, en el patio interior de la casa de Elio, en su sala, en la oscuridad fresca del Casino Campestre a riesgo de ser detenidos por El Aparato (como llamábamos a la policía: “El Aparato Represivo”). Abría los brazos, su cuerpo también con un refajo negro tiritando en la noche industrial del norte italiano, se entregaba a un asesino que era el destino y que no estaba allí físicamente pero todos veíamos y sentíamos hasta respirando locura y alcohol, recibía en su vientre el dardo de la muerte, e iba desplomándose lentamente, escurriéndose por los bordes de los párpados, como suelen hacerlo la belleza y la juventud.

Y he aquí que esta gran actriz padecía alzheimer, esa enfermedad horrible que borra la vida y cuando mucho deja a quien la padece sólo el minuto antes del misterio.

En una palabra, Simone Parandi pudo más que su hermano Rocco.

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© 2011 David Lago González

 

Francia pierde a una de sus actrices más grandes, Annie Girardot

La protagonista de 'Rocco y sus hermanos' ha fallecido hoy con 79 años

EFE - París - 28/02/2011

http://www.elpais.com/articulo/cultura/Francia/pierde/actrices/grandes/Annie/Girardot/elpepucul/20110228elpepucul_14/Tes

Francia perdió hoy a una actriz monumental, gran figura del cine y del teatro, Annie Girardot, cuya fulgurante y contrastada carrera, hecha de altos y bajos, le llevó a rodar más de cien filmes con algunos de los más grandes directores y actores de su tiempo.

Marcel Carné en la película Le Pays d'où je viens (1956); Luchino Visconti en Rocco y sus hermanos (1960); y Roger Vacin en El vicio y la virtud (1962) fueron algunos de los primeros cineastas con los que trabajó la actriz, fallecida a los 79 años, enferma de Alzheimer, según informó hoy su nieta, Lola Vogel. Franco Rosi, Mario Monicelli, Marco Ferreri, Michel Audiard, Rémo Forlani, André Cayatte, Claude Makovski, José Giovanni y Jean-Louis Bertucelli figuran en la larga lista de directores con los que trabajó la protagonista de Morir de amor (1971).

Muchos repitieron gustosos la experiencia, como Visconti, con quien volvió a encontrarse en 1966, en Las brujas; Marcel Carné en Tres habitaciones en Manhattan (1965); o Michel Audiard, quien la dirigió en Elle boit pas, elle fume pas, elle drague pas mais elle cause (1970) y en Elle cause plus, elle flingue (1972), dos enormes éxitos. Si los directores de la Nouvelle Vague no se entusiasmaron con su manera de trabajar, Girardot encontró en Claude Lelouche a uno de sus más fieles realizadores, que en 1967 la colocó junto a Yves Montand en Vivir para vivir.

Para rodar luego con ella otras cuatro películas, La Vie, l'Amour, la Mort (1969); Partir, revenir (1985); Il y a des jours... et des lunes (1990); y Los miserables (1995). Annie Girardot es "mi mejor recuerdo como director y como hombre también", explicó Lelouche en un primer homenaje póstumo en declaraciones a la emisora France Info, al celebrar igualmente la absoluta autenticidad de la artista.

Tras conocer a su futuro marido en Rocco y sus hermanos, con quien mantuvo una complicada relación que le llevó a vivir a menudo en Italia, Girardot se convirtió en los años 70 en una de las actrices más queridas y populares en Francia. Lo que no le impidió conocer momentos muy bajos y grandes fracasos profesionales en los 80. Alain Delon, Michel Piccoli, Philippe Noiret, Louis de Funès, Jean Rochefort, compartieron éxito y protagonismo con la gran intérprete, inicialmente formada para ser enfermera, pero que muy pronto se dedicó al teatro, tras estudiar en el Conservatorio de París y entrar a formar parte de la Comèdie Française.

Girardot, que en el cine interpretó todo tipo de papeles, dejó la histórica compañía tres años después, no sin pena, para dedicarse al cine, aunque nunca dejó por completo el teatro y también se dedicó a la televisión. Pese a la enfermedad de Alzheimer que padecía y que su hija, Giulia Salvatori, reveló públicamente en 2006, la actriz continuó en activo hasta 2007. En 2008, Girardot protagonizó un filme muy diferente a todos los anteriores y brindó su testimonio sobre el mal que padecía y que le llevaba al olvido a pasos agigantados en el documental "Annie Giardot, Ainsi va la vie", de Nicolas Baulieu.

Justo antes, la actriz, cantante y directora Jane Birkin la había dirigido un año antes, cuando ya la enfermedad estaba muy avanzada, en Boxes; y Richard Bohringer en C'est beau une ville la nuit (2006). En 2005 Michael Haneke la encontró en Caché, tras haberle dirigido en 2001 en La Pianista, papel que le valió su tercer César, premio equivalente a los Oscar del cine francés.

Era su segundo César a la mejor intérprete de un papel secundario, como el que recibió en 1996 por su trabajo en Los Misérables, de Claude Lelouch. En 1977 había ganado su primer César, a la mejor actriz, por su trabajo en La vida privada de una doctora, de Jean-Louis Bertucelli. Sus primeros galardones le llegaron como sus primeros triunfos, muy pronto, y el Festival de Venecia le dio en 1965 la Copa Volpi a la mejor interpretación femenina en Tres habitaciones en Manhattan.

Tres años después, el Festival del Filme de Mar de Plata (Argentina), le otorgó el premio a la mejor actriz por Vivir para vivir. Las reacciones fueron hoy unánimes, amigos, directores, cineastas y políticos, glosaron su energía, su generosidad, su humanidad y también su belleza. El poeta, dramaturgo y cineasta Jean Cocteau (1889-1963), quien la dirigió en La machine à écrire, acertó al afirmar que era "el más bello temperamento dramático de la posguerra"

 

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Fallece la actriz Jane Russel a los 89 años. Coprotagonista junto a Marilyn Monroe de Los caballeros las prefieren rubias, y destacada actriz entre los años cuarenta y cincuenta, ha fallecido por problemas respiratorios en su casa de Santa María (California). (Foto: AP)

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Amparo Muñoz, un bello juguete roto

La única Miss Universo española ha muerto en su casa de Málaga con 56 años tras sufrir una larga enfermedad

DIEGO GALÁN - Madrid - 28/02/2011

http://www.elpais.com/articulo/cultura/Amparo/Munoz/bello/juguete/roto/elpepucul/20110228elpepucul_3/Tes

 

Muy joven, a los 56 años, ha muerto en Málaga Amparo Muñoz, la mujer más bella. Así se la valoró en 1973, cuando fue coronada a los 19 años como Miss España, y en 1974 cuando en Filipinas fue nominada Miss Universo. Pero Amparo Muñoz era una mujer de carácter fuerte, y a los seis meses de su reinado rechazó el título al sentirse manipulada por la organización del concurso, que la obligaba a constantes viajes y presentaciones. Su afán de libertad fue una de sus características, y quizás por ello acabó siendo pisoteada por cierta prensa del corazón.

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Amparo Muñoz, en una imagen tomada en noviembre de 2005, el mismo año en el que presento su biografía.- EFE

 

Había nacido en Vélez Málaga, en una familia de cinco hermanos, cuyos medios económicos no le permitieron estudiar más que lo que entonces se llamaba bachillerato elemental. Con unos cursos de taquigrafía y mecanografía pudo emplearse como secretaria, actividad a la que parecía destinada. Pero tras su victoria en el mundo de la belleza, el cine se interesó inmediatamente por ella. En Vida conyugal sana, dirigida por Roberto Bodegas con guión de José Luis Garci, fue la imagen turbadora para José Sacristán, un hombre casado y obsesionado por la publicidad. En Tocata y fuga de Lolita, de Antonio Drove, fue la chica rebelde que mostraba su hermoso busto, lo que contribuyó al éxito popular de la película. En aquellos años setenta el cine español estaba en pleno auge del llamado destape, y la espléndida figura de Amparo Muñoz encontró nuevos títulos para lucirse: Sensualidad (Germán Lorente, 1975), Clara es el precio (Vicente Aranda, 1975) La otra alcoba (Eloy de la Iglesia, 1976), en la que Amparo coincidió con quien sería su primer marido, el actor y cantante Patxi Andión.

Tras intervenir en Volvoreta (José Antonio Nieves Conde, 1976), Mauricio, mon amour (Juan Bosch, 1976), Acto de posesión (Javier Aguirre, 1977), Del amor y de la muerte (Antonio Giménez Rico, 1977), entre otras películas, su carrera cinematográfica dio un notable giro al entablar relación con el productor Elías Querejeta, lo que facilitó su intervención en títulos de la importancia de Mamá cumple cien años (Carlos Saura, 1979) o Dedicatoria (Jaime Chávarri, 1980), actuaciones que llamaron la atención de otros directores, tanto en España como en México (entre ellos, Felipe Cazals, Las siete cucas; Antonio Artero, Trágala perro; Pilar Miró, Hablamos esta noche; Fernando Méndez-Leite, Sonata de estío; Jaime Camino, El balcón abierto; Emilio Martínez Lázaro, Lulú de noche; Imanol Uribe, La luna negra; Fernando León de Aranoa, Familia...)

La carrera cinematográfica de Amparo Muñoz estuvo llena de altibajos en cuanto a la calidad de las películas, pero en todas ellas fue creciendo como actriz. Sin embargo, paralelamente, su vida personal saltaba con frecuencia a la prensa. Desaparecida del cine durante siete años (1989-1996), fijó provisionalmente su residencia en Filipinas, de donde llegaban noticias de problemas con la justicia al ser denunciada por una marca productora; también en España, a su regreso, fue detenida por presunta posesión de heroína.

Manejada por periodistas amantes de escándalos, ciertos o falsos, se convirtió en su presa. En 1990, el diario Ya publicó en portada un artículo de Rosa Villacastín en el que se aseguraba que "el sida pone a Amparo Muñoz al borde de la muerte", y dos días más tarde, la misma periodista daba por hecho que se encontraba en "fase terminal", lo que Amparo Muñoz desmintió con análisis médicos en el programa de Julián Lago La máquina de la verdad. En esa misma entrevista le preguntaron si se había pinchado heroína alguna vez, y hasta el periodista Jesús Mariñas farfulló que la actriz practicaba la prostitución, acusación que la hizo llorar.

En 2005 publicó un libro de memorias, La vida es el precio, en el que repasaba sus relaciones sentimentales y su paso por el mundo de la droga. "Yo he vivido mi vida lo mejor que he podido, intentando no hacer daño a nadie. Si a alguien le he hecho daño ha sido a mí misma y a mis padres, que han tenido que sufrir mucho por mí. Siempre le he tenido respeto a todo el mundo, a todo dios, cosa que no han hecho conmigo. Espero que empiecen a hacerlo a partir de ahora", dijo en aquel momento, sin sospechar que quizá sólo empezarían a respetarla una vez muerta. Un bello juguete roto.

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REPORTAJE

"Amparo no se reconoce en el espejo"

Un redactor de EL PAÍS que preparaba un reportaje sobre la actriz, fallecida el domingo, habló con personas de su entorno en Málaga

JUAN DIEGO QUESADA - Madrid - 28/02/2011

http://www.elpais.com/articulo/cultura/Amparo/reconoce/espejo/elpepucul/20110228elpepucul_8/Tes

 

A la hora de la siesta, en una calle repleta de casitas bajas, cuando no se veía un alma por el barrio, se abrió un portón de madera. Un enorme retrato de Amparo Muñoz, fallecida anoche, con la corona y la banda de miss España presidía el vestíbulo. "Yo hablo con ella, esperad un par de horas. No creo que tenga problemas en recibiros, pero primero voy a preguntarle cómo se encuentra", decía su hermano Pedro. La actriz llevaba año y medio recluida en la casa de su madre en Málaga, desde que los médicos le habían diagnosticado la enfermedad, a la que su familia nunca ha querido poner nombre. Ni siquiera ahora que ella ya no está.

Muñoz apenas pisaba en las últimas semanas el tranco de la puerta, salvo cuando iba al hospital Carlos Haya acompañada de alguna de sus hermanas. Pasaba también largas temporadas en el apartamento de su última pareja, en un bloque de pisos situado en el barrio de Palma-Palmilla, uno de los más degradados de la ciudad, asociado constantemente al tráfico de drogas.

Los vecinos se habían acostumbrado a ver caminar por sus calles a la que fue coronada miss Universo en un certamen celebrado en Manila (Filipinas) en julio de 1974. Tanto, que ya nadie se daba la vuelta al reconocerla.

Horas después del primer encuentro, Pedro Muñoz llamaba al teléfono: "Ya he hablado con Amparo. Estaría encantada de hablar con vosotros pero me ha dicho que no quiere que nadie la vea así. Amparo no se reconoce en el espejo. Siempre se ha sido una persona tan hermosa y coqueta que no quiere que se le recuerde como está ahora".

Amparo Muñoz, nacida en el seno de una familia humilde y de trabajadores, llegó a convertirse en la mujer más guapa del universo. Por el camino quedan sus problemas con las drogas, con la justicia, siempre rodeada de un ambiente viciado y destructivo que le acompañó allá donde fue.

Pero al final, como pidió a este periódico, quería ser recordada por sus años de esplendor, tiempo en la que se codeó con importantes personajes del cine y el arte. Exactamente esa es la época que retrata la pintura que cuelga en el hall de la casa sus padres, donde murió a los 56 años de edad.

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La heroína y el SIDA han terminado con la vida de esta hermosa mujer que supo devenir en una buena actriz y que, a pesar de todos los feos avatares de su vida, ha intentado cruzar por ella siempre con bastante dignidad.

El programa “Sálvame”, de Telecinco --de catadura bastante inmoral--, exhibía no hace mucho un vídeo robado (no autorizado) que mostraba el deambular de algo que era como el fantasma o la personificación viviente de la muerte de esta mujer mientras caminaba vacilantemente por lo que parecían ser corredores o portales techados. La filmación tenía la apariencia de haber sido tomada con mucha dificultad y a muy larga distancia cuando en realidad simplemente debe haber estado manipulada de manera virtual para darle más tinte de “imagen prohibida” y “documento revelador” del ocaso de una mujer que fue la única Miss Universo española, título al que renunció de forma voluntaria a los escasos seis meses de haberlo ganado, acto que la dignificó para el resto de su vida. Aunque por desgracia no la salvó de la pendiente por la que fue rodando hasta decir ayer su adiós definitivo.

En los últimos días parece que en España comienza otra moda que tiene todos los tintes de convertirse en macabra. Distintas mujeres de proyección pública han ido dando a conocer la superación de su enfrentamiento al cáncer de mama. La última de ellas ha sido la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre. Hasta aquí, todo aceptable. Digamos que el outing de tal enfermedad contribuye a no convertirla en un trauma –pretensión absurda y eufemística por otra parte--. Pero hace apenas dos días también se ha dado a conocer por prensa y televisión, de forma repetida, que una dirigente de un partido vasco separatista, legal, pero originariamente medio escindido de Batasuna o algo así, personaje público, sí, pero tan minoritario que para mí era la primera vez que veía su nombre y que veía su imagen, se retira de manera momentánea de la política para asumir la curación de su dolencia. Entiendo que es razonable, que seguramente está bien la visibilidad de la lucha contra esas células enloquecidas, pero ¿se va a poner de moda también como “lo gay”? Ni siquiera en “lo gay”, la otra realidad, mucho más fea, se susurra de cama a cama. Hipocresía, hipocresía de mierda.

© 2011 David Lago González

2 comentarios:

El Tinajón dijo...

Si, de los buenos quedan poco.
Pero pasando a otro tema. Me has hecho recordar una noche increíble (como tantas otras noches inolvidables de aquel nuestro Camaguey de entonces). En un parque, más allá del bien y del mal gracias al ron "Chispa´e tren", Nikitin abrazado a un farol representando un show que imitaba a Lola Flores. Y nosotros aplaudiendo desaforadamente en medio de la madrugada, ignorando el peligro de que aparecieran los pulpos justicieros y nos cargaran por locas y peligrosas. Eso si era improvisación y desafío.

Lamanga dijo...

Anoche vi a Annie Girardot. Estaba sentada en un parque de Paris, y confesaba a la camara que venian de anunciarle que padecia "al aleman" y los cineastas, completamente perdidos, le piden de filmar unos segundos mas, de ficcion, esta vez en la intimidad donde ella, como la gran actriz que era, en tres o cuatro segundos se despide, porque ya no se acordara, en unas semanas no recordara a quienes ama, ni tan siquiera quien era.
Después se fue dos años a borrarse sola en un hospital de paredes blancas.

Que fuerte!
Besos David.